Por qué Terence Davies tenía claro que ‘Benediction’ era la mejor de sus películas: «Una vez que están terminadas, ya no son parte de mí»

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Por qué Terence Davies tenía claro que 'Benediction' era la mejor de sus películas:

El pasado sábado 7 de octubre, Terence Davies falleció a los 77 años de edad en su hogar de Mistley tras una breve enfermedad. El cineasta nacido en Kengsinton, que debutó en 1988 con la multipremiada ‘Voces distantes’ tras su paso por el corto y el mediometraje con la trilogía que lleva su nombre, se ha despedido dejando tras de sí un legado de 9 largometrajes marcados por un fuerte componente autobiográfico.

Su último trabajo, ‘Benediction’, estrenado el pasado 2021, fue la última muestra de la habilidad de Davies para proyectar su persona y experiencias sobre un guión y, más tarde, traducirlas a imágenes en movimiento. Durante una interesantísima entrevista con IndieWire, el director no dudó en calificar la cinta como su magnum opus particular.

La volatilidad de la autoría

No obstante, como ocurrió con el resto de su obra y pese a la estima hacia el filme, no volvió a verla por un motivo muy particular que refleja su particular punto de vista sobre la creación cinematográfica: una vez terminadas, las películas dejan de ser parte de su máximo responsable.

«No, porque una vez que está terminada, no parece ser parte de mí. Creo que ‘Benediction’ es lo mejor que he hecho debido al compromiso de todos. Deja de ser mi película; se convierte en nuestra película. Una vez que están terminadas, ya no son parte de mí. Nunca las vuelvo a ver porque ya las ves mucho en el montaje. Si quiero pensar en una secuencia, simplemente puedo pensar en ella, porque la he visto muchas veces. Deja de ser parte de ti, de una manera extraña».

Además, durante la conversación, Davies nos permitió conocer mejor su perspectiva sobre su experiencia como hombre homosexual y sobre un mundo gay del que siempre reconoció acabar decepcionado. Por desgracia, ‘Benediction’ no le sirvió para hacer las paces con esto ni resolver su compleja relación con su sexualidad.

Se refleja en la creación de la película, pero no lo resuelve realmente. El problema es que estuve en la escena gay durante un período muy corto de tiempo. No soy guapo y no era atractivo, punto. Eres una persona invisible. Durante esos dos meses, simplemente no podía vivir así. El nivel de crueldad e inmoralidad sexual… simplemente no podía soportarlo.

Así que me volví célibe, y fue más fácil porque eso no me mueve. Dejé los estudios a los 15 años. Lo que me impulsaba era querer tener conocimiento. Eso es lo que me impulsaba, no la sexualidad. Era consciente de ello, pero no era lo más importante en mi vida. Cuando no eres guapo, es mucho más fácil decir: ‘Está bien, me dedicaré a coser'».

Pero esta gravedad existencialista no se vio proyectada íntegramente sobre el tono del largo.

«Quería que fuera divertido. Los hombres gays son maliciosos, pero divertidos, como las mujeres en el norte de Inglaterra. Quería que fuera así, pero cuando admiras pero deploras ese tipo de privilegio, quieres mostrarlo en su mejor y peor momento. Es muy agradable hacer reír a la gente o que te hagan reír. Es muy cautivador. Si alguien lo hace, es como lanzar un hechizo».

Redención, religión y narcisismo

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Está claro que hay mucho de Terence Davies en Siegfried Sassoon, el protagonista de ‘Benediction’, pero hay una frase del poeta y excombatiente de la I Guerra Mundial que resuena con el director, y esa es en la que afirma que odia el mundo moderno porque es más joven que él. Una línea de diálogo que dio pie a una interesante reflexión sobre el privilegio, la religión y la redención.

«Eso es completamente autobiográfico. Hay mucho de mí en Sassoon. No me di cuenta hasta que terminé y estábamos editándola. Lo que él estaba buscando, creo, era alguna forma de redención, algún tipo de perdón para que su vida pareciera llena. Eso nunca llegó. Nunca lo encontró. No puedes encontrarlo en otras personas. No puedes encontrarlo en el arte. No puedes encontrarlo en la religión, no puedes encontrarlo en ningún lado. Y en ese sentido, es absolutamente autobiográfico porque he estado buscando eso y nunca lo he encontrado. Convertirse al catolicismo cerca del final de su vida es tal vez un último intento desesperado de eso.»

«¿Por qué querrías convertirte en católico, por amor de Dios? Fui criado como católico. Es una religión perniciosa. No sé por qué la gente se siente atraída por ella. Pero creo que él estaba atraído por la poesía. Muchos hombres gays en este país fueron muy privilegiados. Se las arreglaron, por lo general se casaron, pero luego eso no funcionó. Él recurrió a la religión. Eso tampoco funcionó. Lo triste es que no podría haber elegido peor compañía. Los hombres son crueles y narcisistas».

Leer estas reflexiones no hacen más que confirmar que, con Terence Davies, se nos ha ido no sólo uno de los grandes cineastas británicos contemporáneos, sino una mente privilegiada de la que aprender frase tras frase y plano tras plano.

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Por qué Terence Davies tenía claro que ‘Benediction’ era la mejor de sus películas: «Una vez que están terminadas, ya no son parte de mí»

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por
Víctor López G.

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