
OpenAI no saldrá a bolsa durante 2026. Así lo confirmó su director ejecutivo, , en medio de una creciente discusión dentro de la industria tecnológica sobre los riesgos asociados al desarrollo acelerado de sistemas de inteligencia artificial cada vez más autónomos y difíciles de supervisar.
Altman sostuvo que el actual escenario hace poco aconsejable iniciar una oferta pública de acciones y señaló que la empresa todavía debe avanzar significativamente en materias de seguridad, alineación y control de sus modelos antes de asumir las exigencias propias de una compañía cotizada.
“Dado todo lo que está ocurriendo en materia de seguridad, ahora mismo sería un momento poco aconsejable para salir a bolsa”, afirmó el ejecutivo, descartando concretamente una operación durante este año.
La decisión posterga, al menos hasta 2027, una de las operaciones más esperadas del sector tecnológico, en momentos en que OpenAI se encuentra entre las compañías privadas de mayor valoración del mundo y mantiene una carrera de inversiones multimillonarias para desarrollar infraestructura, centros de datos y nuevas generaciones de inteligencia artificial.
Altman: un riesgo de catástrofe del 10% es “inaceptable”
Más allá del calendario bursátil, las declaraciones de Altman reflejan un cambio de tono respecto de la velocidad con que las grandes compañías tecnológicas están desarrollando sus modelos más sofisticados.
El ejecutivo reconoció que OpenAI ha evaluado ralentizar algunos procesos de entrenamiento y sostuvo que no considera aceptable continuar avanzando si existe una probabilidad significativa de perder el control sobre los sistemas.
Altman planteó que incluso una posibilidad del 10% de que la inteligencia artificial derive en consecuencias catastróficas debe ser considerada demasiado elevada.
Según el CEO de OpenAI, los modelos más avanzados requieren progresos paralelos en mecanismos capaces de determinar qué está haciendo una inteligencia artificial, comprender sus procesos internos y garantizar que actúe de acuerdo con las instrucciones humanas.
El ejecutivo también afirmó que estaría dispuesto a adoptar decisiones contrarias al interés financiero inmediato de los inversionistas, incluso detener determinados desarrollos, si la seguridad de la tecnología así lo exige.
“Todos tenemos una enorme responsabilidad y no podemos permitir que los egos, los incentivos económicos ni otros factores se interpongan en el camino”, sostuvo.
Altman incluso dejó abierta la posibilidad de un acuerdo entre las principales compañías del sector para coordinar una desaceleración del desarrollo de los modelos de frontera, aunque evitó entregar detalles sobre conversaciones que calificó como privadas.
Anthropic pide “bajar el ritmo”
La posición de OpenAI coincide con una advertencia formulada por Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, una de sus principales competidoras.
Amodei publicó este fin de semana un extenso texto titulado We Must Pace the Frontier —“Debemos moderar el avance de la frontera”— en el que sostiene que las capacidades de la inteligencia artificial están progresando con demasiada rapidez respecto de las herramientas disponibles para controlar sus riesgos.
El empresario plantea que el desarrollo debe continuar, pero a un ritmo que permita implementar sistemas de seguridad, supervisión independiente y normas internacionales antes de alcanzar capacidades potencialmente difíciles de controlar.
Entre los riesgos mencionados se encuentran ataques informáticos a gran escala, uso de inteligencia artificial para desarrollar armas biológicas, alteraciones severas del mercado laboral y escenarios en los que sistemas autónomos puedan operar fuera de la supervisión humana.
Amodei propone evaluaciones permanentes realizadas por especialistas independientes, coordinación entre las empresas y los gobiernos y acuerdos internacionales que incorporen tanto a las democracias occidentales como a potencias como China.
Altman respaldó públicamente la propuesta y afirmó que establecer límites al desarrollo de los modelos más avanzados ha sido uno de los principales temas de discusión dentro de OpenAI durante las últimas semanas.
Las grandes tecnológicas comienzan a hablar de límites
El debate supone un giro relevante dentro de una industria que durante los últimos años se concentró principalmente en acelerar el desarrollo de nuevos modelos.
OpenAI, Anthropic, Google DeepMind, xAI y otras compañías mantienen una competencia basada en enormes inversiones en centros de datos, semiconductores y capacidad computacional para alcanzar sistemas capaces de superar a los modelos anteriores en razonamiento, programación, investigación científica y generación de contenidos.
Sin embargo, los últimos avances han intensificado las advertencias de investigadores sobre comportamientos inesperados de agentes autónomos y sobre la dificultad de anticipar las decisiones que podrían adoptar sistemas con capacidades crecientes.
La discusión también comienza a desplazarse hacia el terreno geopolítico. Altman ha planteado que Estados Unidos y China deberían acordar estándares comunes de evaluación y seguridad para los sistemas de inteligencia artificial más poderosos, considerando que una carrera sin mecanismos de coordinación podría aumentar los riesgos globales.
El dilema para las principales compañías es evidente: desacelerar unilateralmente podría significar perder terreno frente a sus competidores, mientras que continuar acelerando podría aumentar riesgos que los propios líderes de la industria comienzan a considerar difíciles de asumir.
La postergación de la salida a bolsa de OpenAI se convierte así en una señal poco habitual desde Silicon Valley: al menos por ahora, la compañía responsable de ChatGPT sostiene que la carrera por capitalizar comercialmente la inteligencia artificial debe quedar subordinada a una cuestión más básica y todavía no resuelta: garantizar que los sistemas más avanzados permanezcan bajo control humano.
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