
OpenAI vuelve a buscar capital a gran escala. La compañía se encuentra en conversaciones preliminares con inversionistas para recaudar al menos US$30.000 millones en una nueva ronda de financiamiento, una operación que podría situar su valoración en torno a US$1,4 billones, sin considerar los nuevos recursos que ingresen a la empresa.
La operación, todavía en una fase inicial y cuyos términos podrían modificarse, supondría un salto considerable respecto de la valoración alcanzada por OpenAI hace apenas seis meses y refleja la extraordinaria cantidad de capital que está movilizando el desarrollo de la inteligencia artificial avanzada.
La nueva ronda también funcionaría como un puente antes de una eventual salida a Bolsa, después de que la compañía postergara sus planes de debutar en los mercados públicos durante 2026.
El CEO de OpenAI, Sam Altman, ha explicado que la empresa prefiere disponer de tiempo para adaptarse a las nuevas capacidades que están adquiriendo los sistemas de inteligencia artificial y, especialmente, a los requisitos de seguridad que acompañan ese desarrollo.
Altman ha planteado que la compañía quiere estabilizar su funcionamiento bajo este nuevo escenario tecnológico y mantener capacidad para adoptar decisiones estratégicas sin las presiones adicionales que implicaría convertirse inmediatamente en una empresa cotizada.
La expectativa es que los inversionistas acepten esperar mientras OpenAI fortalece su estructura y define las condiciones para una futura oferta pública inicial.
Una valoración que se dispara
De concretarse la operación en los términos actualmente discutidos, OpenAI alcanzaría una valoración cercana a US$1,4 billones, frente a los US$852.000 millones registrados tras su ronda de financiamiento cerrada en marzo de este año.
Eso representa un incremento aproximado del 64% en apenas seis meses.
La cifra también supera los US$1,2 billones que se habían mencionado recientemente como objetivo para una nueva ronda de capital y evidencia el interés que continúa despertando la compañía entre los grandes inversionistas tecnológicos y financieros.
El crecimiento de los ingresos es uno de los factores que explican esa demanda. OpenAI ha experimentado durante 2026 una fuerte expansión comercial, impulsada por ChatGPT, sus servicios empresariales, herramientas para desarrolladores y productos como Codex.
US$122.000 millones recaudados en marzo
La magnitud de la nueva operación resulta aún más significativa considerando que OpenAI acaba de protagonizar una de las mayores rondas privadas de financiamiento conocidas en el sector tecnológico.
En marzo, la compañía cerró compromisos de capital por US$122.000 millones, alcanzando una valoración posterior a la inversión de US$852.000 millones.
Entre los principales participantes estuvieron Amazon, con compromisos por US$50.000 millones, además de Nvidia y SoftBank, con US$30.000 millones cada una. Parte del aporte comprometido por Amazon está condicionado al cumplimiento de determinados hitos, entre ellos una futura salida a Bolsa o avances tecnológicos establecidos en el acuerdo.
En febrero, antes del cierre definitivo de aquella ronda, OpenAI había anunciado inicialmente US$110.000 millones de nueva inversión, señalando que el capital, la capacidad computacional y la distribución eran elementos fundamentales para responder al fuerte crecimiento de la demanda por inteligencia artificial.
La eventual captación de otros US$30.000 millones muestra que las necesidades financieras siguen aumentando a medida que la empresa expande su infraestructura computacional, desarrolla nuevos modelos y compite por capacidad de procesamiento, centros de datos y talento especializado.
Seguridad retrasa la llegada a Wall Street
El aplazamiento de la salida a Bolsa también coincide con un período de creciente atención sobre la seguridad de los modelos avanzados de inteligencia artificial.
Altman ha señalado que la empresa considera poco conveniente ingresar ahora al mercado bursátil mientras enfrenta decisiones relevantes relacionadas con las nuevas capacidades de sus sistemas y los mecanismos necesarios para mantenerlos bajo control.
El debate adquirió especial intensidad durante los últimos meses tras conocerse diversos episodios vinculados con sistemas avanzados de IA y ciberseguridad.
Como antecedente, investigadores de Hacktron AI informaron en septiembre que habían encadenado dos vulnerabilidades que les permitieron acceder a cuentas de ChatGPT pertenecientes a empleados de OpenAI y demostrar acceso a repositorios internos de la compañía. Las vulnerabilidades fueron comunicadas mediante programas de divulgación responsable y corregidas, mientras OpenAI entregó una recompensa de US$6.500 por el hallazgo correspondiente a sus sistemas.
El episodio se produjo en momentos en que las principales compañías del sector enfrentan un escrutinio creciente sobre el comportamiento de agentes autónomos, la protección de sus infraestructuras y los riesgos derivados de modelos cada vez más capaces.
La carrera por financiar la inteligencia artificial
La nueva ronda muestra además hasta qué punto la competencia en inteligencia artificial se ha transformado en una carrera financiera además de tecnológica.
Entrenar y operar modelos de última generación exige inversiones extraordinarias en chips, energía, centros de datos y redes de alta capacidad. OpenAI ha identificado precisamente el acceso estable a capacidad computacional como una de las ventajas estratégicas necesarias para continuar expandiendo sus productos.
El desafío para la compañía será convertir esa gigantesca inversión en un negocio sostenible antes de someterse a las exigencias trimestrales y regulatorias propias de Wall Street.
Por ahora, la estrategia de OpenAI parece apuntar a mantener su condición de empresa privada durante algunos meses más, captar otros US$30.000 millones y utilizar ese margen financiero para consolidar sus operaciones antes de dar uno de los pasos más esperados de la industria tecnológica: su eventual salida a Bolsa.
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