
La elección no solo determinará quién dirigirá el próximo gobierno israelí. También podría redefinir la política de seguridad del país, sus relaciones con Estados Unidos, el futuro de los territorios palestinos y las posibilidades de avanzar hacia una solución diplomática del conflicto.
Netanyahu, líder del Likud y figura dominante de la política israelí durante las últimas décadas, enfrenta una oposición que busca transformar el descontento ciudadano en una mayoría parlamentaria. Entre sus principales adversarios aparece Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel y dirigente del partido Yashar.
Sin embargo, el complejo sistema electoral israelí hace que ganar más votos o conseguir la mayor cantidad de diputados no garantice llegar al poder.
Estas son las cinco claves para comprender lo que está en juego.
1. La cifra decisiva: 61 diputados para controlar el Parlamento
El Parlamento israelí, conocido como Knesset, tiene 120 escaños. Para disponer de una mayoría absoluta se necesitan al menos 61 diputados.
A diferencia de los sistemas presidenciales, los ciudadanos israelíes no eligen directamente al jefe de Gobierno. Votan por listas de partidos políticos que posteriormente negocian alianzas para formar una coalición.
Israel funciona como una circunscripción electoral única, con representación proporcional. Esto permite la presencia de numerosos partidos, pero también dificulta la formación de gobiernos estables.
Netanyahu depende de sus aliados de derecha, incluidos sectores ultranacionalistas y religiosos vinculados a figuras como Bezalel Smotrich e Itamar Ben Gvir.
En la oposición, Eisenkot intenta articular una alternativa que reúna a sectores de centro, derecha moderada y votantes descontentos con la conducción de la guerra y la respuesta del Gobierno a los ataques de octubre de 2023.
El desafío consiste en convertir esa diversidad política en una mayoría capaz de gobernar.
2. El umbral del 3,25% puede decidir quién gobierna
Una de las particularidades del sistema israelí es que los partidos deben obtener al menos el 3,25% de los votos válidos para ingresar al Parlamento.
La regla busca reducir la fragmentación política, aunque puede generar resultados decisivos cuando las principales coaliciones se encuentran prácticamente empatadas.
Si un partido obtiene el 3% de los sufragios, por ejemplo, queda sin representación y sus votos no participan en la distribución de escaños.
En una elección ajustada, esto puede modificar significativamente la composición de la Knesset.
El fenómeno afecta especialmente a las pequeñas formaciones de derecha, izquierda y representación árabe, cuyos resultados podrían determinar qué bloque consigue la mayoría.
Para Netanyahu, uno de los riesgos es que sectores de su electorado apoyen candidaturas ultranacionalistas que finalmente no superen el umbral.
La oposición enfrenta una dificultad semejante: necesita evitar la dispersión de votos entre partidos que comparten su rechazo al actual primer ministro, pero mantienen diferencias ideológicas importantes.
Por ello, el llamado al voto útil se ha convertido en uno de los principales argumentos de campaña.
3. La participación electoral y el voto árabe pueden inclinar la balanza
Israel mantiene históricamente niveles de participación electoral relativamente elevados.
En noviembre de 2022, cuando Netanyahu consiguió regresar al poder, votó aproximadamente el 70,6% del electorado.
Aquellos comicios fueron los quintos celebrados en menos de cuatro años, después de un prolongado período de inestabilidad parlamentaria.
La movilización vuelve a ser determinante.
Los sectores ultraortodoxos mantienen una importante capacidad de organización electoral, mientras que los partidos opositores buscan movilizar a quienes consideran que Netanyahu debe abandonar el poder.
Un elemento especialmente relevante será la participación de los ciudadanos árabes de Israel, que representan aproximadamente una quinta parte de la población del país.
En 2022, su participación electoral se situó alrededor del 53%, considerablemente por debajo del promedio nacional.
Un aumento significativo podría fortalecer a las formaciones árabes y modificar las posibilidades de construir una mayoría alternativa.
Sin embargo, las diferencias políticas entre los partidos árabes y las principales fuerzas judías de oposición complican eventuales acuerdos de gobierno.
La guerra en Gaza, la situación humanitaria de la población palestina y las tensiones internas entre comunidades también influyen sobre las preferencias electorales.
4. Más de 7,3 millones de electores y varias semanas para formar gobierno
Las elecciones del 27 de octubre convocarán a 7.331.981 ciudadanos habilitados para votar, frente a los 6.788.804 registrados en noviembre de 2022.
Esto representa un aumento de 543.177 electores, equivalente a aproximadamente un 8%.
Sin embargo, cerca de 810.000 ciudadanos inscritos residen fuera de Israel y, salvo excepciones legales, deben encontrarse físicamente en el país para sufragar.
Las mesas electorales funcionarán, en general, entre las 7:00 y las 22:00 horas locales, equivalentes a las 2:00 y las 17:00 horas de Chile continental, respectivamente.
El recuento comenzará después del cierre de las urnas y los primeros resultados permitirán conocer la distribución preliminar de fuerzas.
No obstante, los resultados oficiales definitivos deberán publicarse a más tardar el 4 de noviembre.
Una vez concluido el escrutinio, el presidente Isaac Herzog iniciará consultas con los partidos que hayan conseguido representación parlamentaria.
Su misión será identificar al dirigente con mayores posibilidades de formar gobierno, que no necesariamente será el candidato del partido más votado.
El político designado dispondrá inicialmente de 28 días para negociar una coalición, con la posibilidad de recibir una prórroga de hasta 14 días.
Posteriormente, el nuevo Ejecutivo deberá obtener la confianza del Parlamento.
Este procedimiento significa que Israel podría conocer al ganador electoral el 28 de octubre, pero permanecer varias semanas sin saber quién será finalmente su próximo primer ministro.
5. Tres escenarios: continuidad de Netanyahu, triunfo opositor o bloqueo político
Las encuestas publicadas durante la última semana de campaña muestran una competencia estrecha, con ventaja del partido Yashar de Eisenkot sobre el Likud en distintas mediciones.
Sin embargo, esa diferencia no asegura que la oposición pueda formar gobierno.
Los sondeos difundidos el 21 de octubre muestran que ninguno de los dos grandes bloques alcanza una mayoría parlamentaria garantizada. Además, pequeñas formaciones próximas al umbral electoral podrían alterar considerablemente el reparto final de escaños.
En este contexto, existen tres escenarios principales.
Una nueva coalición encabezada por Netanyahu. El primer ministro podría mantenerse en el poder si sus aliados ultranacionalistas y religiosos obtienen suficientes diputados o si logra incorporar nuevas fuerzas parlamentarias. Su experiencia negociadora constituye una de sus principales ventajas políticas.
Un gobierno alternativo encabezado por Eisenkot. La oposición podría conseguir una mayoría mediante acuerdos entre partidos de centro, derecha moderada e izquierda. Sin embargo, necesitaría superar importantes diferencias internas y eventualmente recurrir al respaldo de representantes árabes, una posibilidad que genera resistencias entre algunos de sus potenciales aliados.
Un Parlamento sin mayoría viable. Si ninguno de los bloques logra construir una coalición, Israel podría enfrentar nuevas negociaciones fallidas y eventualmente otra convocatoria electoral.
Este último escenario recuerda la crisis política vivida entre 2019 y 2022, cuando el país celebró cinco elecciones generales en menos de cuatro años.
Durante un eventual período de bloqueo, Netanyahu podría continuar al frente de un Ejecutivo en funciones mientras se resuelve la sucesión.
La guerra en Gaza y el futuro de Medio Oriente también están en juego
Más allá de los cálculos parlamentarios, las elecciones constituyen un juicio político sobre las decisiones adoptadas por Netanyahu desde el 7 de octubre de 2023.
Los ataques de Hamás contra Israel, que dejaron alrededor de 1.200 muertos y provocaron el secuestro de unas 250 personas, representaron uno de los mayores fracasos de seguridad de la historia israelí.
La posterior ofensiva militar sobre Gaza desencadenó una devastadora crisis humanitaria, con decenas de miles de palestinos muertos, destrucción de infraestructura y desplazamientos masivos de población.
El conflicto también se extendió hacia otros escenarios de Medio Oriente, especialmente Líbano e Irán, incrementando la tensión regional y las dificultades diplomáticas.
En el ámbito interno, Netanyahu ha enfrentado cuestionamientos por la falta de prevención de los ataques, la conducción de la guerra y el manejo de las negociaciones para liberar a los rehenes.
A ello se suman las controversias sobre las exenciones del servicio militar para los judíos ultraortodoxos, las tensiones entre instituciones del Estado y los procesos judiciales por corrupción que enfrenta el primer ministro.
El resultado electoral podría influir directamente sobre la política israelí respecto de Gaza, Cisjordania, los asentamientos y las relaciones con la Autoridad Palestina.
También determinará el margen de maniobra de Israel frente a Estados Unidos, su principal aliado estratégico, en un escenario internacional marcado por la confrontación con Irán y las disputas sobre la seguridad regional.
Una elección que podría abrir una nueva etapa política
Netanyahu ha demostrado una extraordinaria capacidad de supervivencia política. Desde su primera llegada al poder en 1996, ha conseguido regresar al Gobierno después de derrotas electorales, crisis de coalición y períodos en la oposición.
Su actual administración, formada en diciembre de 2022, llegará al final de su mandato de cuatro años, un hecho excepcional en la historia política reciente de Israel.
Pero las elecciones del martes presentan un desafío diferente.
Por primera vez desde los ataques de octubre de 2023, los ciudadanos podrán pronunciarse en las urnas sobre la gestión del Gobierno durante uno de los períodos más traumáticos de la historia del país.
El resultado determinará si Netanyahu consigue prolongar su liderazgo o si Israel inicia una transición política después de años de confrontación interna y conflictos militares.
La incógnita central no es únicamente quién ganará las elecciones, sino quién conseguirá reunir los 61 diputados necesarios para gobernar. En un Parlamento fragmentado, esa diferencia puede definir el futuro político de Netanyahu y el rumbo de Israel en Medio Oriente.
La entrada Netanyahu se juega su futuro político: cinco claves de elecciones que pueden cambiar rumbo de Israel se publicó primero en El Periodista.

