
En agosto, Chile produjo 369.500 toneladas métricas de cobre, un 13% menos que en igual mes de 2025 y un 8% por debajo de julio. Se trata del nivel mensual más bajo desde febrero de 2011. En paralelo, el Imacec registró una caída de 1,0% en doce meses, mientras la actividad minera se contrajo 17,4%, principalmente por la menor extracción de cobre.
Es en este escenario donde se desarrollan las negociaciones colectivas de dos operaciones relevantes para la minería nacional. Una eventual paralización de Escondida y Centinela podría agregar presión a una producción que ya viene mostrando retrocesos y, al mismo tiempo, afectar exportaciones, proveedores, recaudación fiscal y actividad económica.
El académico de la Universidad del Desarrollo, Ronald Guzmán, advierte que la caída de la producción cuprífera terminó siendo mayor a la anticipada. “A comienzos de año, Cochilco proyectaba para Chile cerca de 5,6 millones de toneladas en 2026, es decir, un crecimiento. En mayo la proyección se ajustó a una caída de 2,0%, a 5,3 millones de toneladas, y en agosto a 5,27 millones de toneladas, una baja de 2,6%. En ocho meses pasamos de esperar crecimiento a esperar contracción, una corrección de aproximadamente 330 mil toneladas”, señala Guzmán.

El académico sostiene que parte de los problemas ya eran conocidos (como la declinación de leyes en Escondida, mantenciones programadas y restricciones productivas en otras faenas), pero que la magnitud y duración de las interrupciones terminaron siendo mayores a lo previsto.
Con los datos de producción de julio y agosto, Guzmán estima que el país podría cerrar el año entre 5,0 y 5,1 millones de toneladas, lo que implicaría una caída de entre 6% y 8%. Esa estimación, precisa, no considera el eventual efecto de las huelgas.
El peso de Escondida
En este escenario, Escondida ocupa un lugar central. La operación produjo 1.261.000 toneladas durante el año fiscal 2026 y representa aproximadamente una cuarta parte de la producción nacional de cobre, de acuerdo con los antecedentes entregados por Guzmán. Por ello, el académico advierte que una eventual huelga de supervisores tendría un alcance significativo.
Sobre la posible huelga de supervisores, Guzmán señala que “el presidente del sindicato sostiene que generaría una paralización prácticamente completa. Además, el Sindicato de Operadores y Mantenedores, con unos 2.300 trabajadores, podría plegarse, dado que ambos dependen funcionalmente de la misma línea de jefaturas. Desde la perspectiva de la seguridad minera, operar una faena de esa escala sin su línea de supervisión es, en la práctica, inviable”.
En Centinela, en tanto, los sindicatos involucrados suman 708 socios y se encuentran en mediación, con una eventual huelga que podría comenzar el 13 de octubre. La compañía proyectaba para 2026 una producción de entre 195.000 y 215.000 toneladas.
De acuerdo con Guzmán, una paralización total y simultánea de ambas operaciones supondría dejar de producir del orden de 3.500 toneladas de cobre al día, equivalentes a unas 100 mil toneladas mensuales.
El impacto económico se extendería más allá de las toneladas que dejarían de producirse. Una interrupción afectaría también las exportaciones, la recaudación tributaria y la actividad de contratistas y proveedores vinculados a las faenas mineras. El antecedente más relevante es la huelga de Escondida de 2017. Guzmán recuerda que aquella paralización se extendió durante 44 días y coincidió con una contracción de 1,3% de la actividad económica en febrero de ese año.
“Como orden de magnitud, cada mes de paralización total de Escondida restaría alrededor de 0,2 puntos al crecimiento anual del PIB. A eso se suman menores exportaciones, menor recaudación tributaria y efectos en contratistas y proveedores. El agravante es el momento: ocurriría sobre un año ya calificado por el propio Gobierno como de ‘recesión del cobre’”, plantea.
Impacto en Antofagasta
El impacto potencial adquiere una dimensión todavía mayor a nivel regional. Antofagasta registró una contracción de 6,3% de su PIB durante el segundo trimestre, explicada principalmente por la minería del cobre y, en segundo lugar, por la construcción. En ese período, los menores envíos de cobre también incidieron en una caída de 8,3% de las exportaciones de bienes.
Según Guzmán, Escondida y Centinela representan cerca de la mitad de la producción cuprífera de la región. Por eso, una paralización simultánea tendría efectos sobre una cadena productiva que incluye contratistas, transporte, puertos, comercio y servicios.
“Una paralización simultánea de un mes podría restar varios puntos adicionales al PIB regional del cuarto trimestre. La región encadenaría así tres o cuatro trimestres consecutivos de contracción. El efecto no se queda en la faena. Alcanza a contratistas, transporte, puertos, comercio y servicios en Antofagasta y Calama, en una región que concentra el 50% del empleo de la gran minería del país”, señala.
La entrada Negociaciones mineras se dan en medio de baja producción de cobre y un Imacec negativo: académico UDD analiza impactos de posibles huelgas se publicó primero en El Periodista.

