
El Gobierno alemán calificó el encuentro como un gesto “absolutamente inmoral”, considerando que se produjo mientras continúa la guerra iniciada por Rusia contra Ucrania en febrero de 2022.
“El canciller considera absolutamente inmoral que el señor Schröder esté celebrando con el señor Putin un día así”, declaró el portavoz adjunto del Ejecutivo alemán, Steffen Meyer, durante una comparecencia en Berlín.
El representante gubernamental explicó que la indignación de Merz responde al sufrimiento provocado por la ofensiva militar rusa, que ha dejado miles de víctimas civiles, ciudades destruidas y millones de personas desplazadas.
“Putin es el único responsable de la guerra en Ucrania. Sus órdenes provocan un sufrimiento inconmensurable, víctimas civiles, familias destrozadas, muertos y heridos”, afirmó Meyer.
La visita fue confirmada por el Kremlin, que difundió imágenes de ambos dirigentes sonriendo y estrechándose las manos durante el encuentro celebrado en la residencia del mandatario ruso.
Críticas también desde el partido de Schröder
El encuentro generó cuestionamientos no solo desde el Gobierno conservador de Merz, sino también desde el Partido Socialdemócrata (SPD), formación a la que pertenece Schröder y que actualmente integra la coalición gubernamental alemana.
El vicecanciller y ministro de Finanzas, Lars Klingbeil, calificó la visita como “completamente inaceptable”, recordando que Rusia mantiene una guerra de agresión contra Ucrania.
Las críticas reflejan el creciente aislamiento político del exmandatario, quien gobernó Alemania entre 1998 y 2005 y ha mantenido una estrecha amistad con Putin incluso después del inicio de la invasión rusa.
Schröder, de 82 años, ha sido cuestionado reiteradamente por sus vínculos con empresas energéticas rusas, entre ellas Rosneft y el proyecto de gasoductos Nord Stream, asociado a Gazprom.
Tras el comienzo de la guerra, el Parlamento alemán decidió retirarle parte de los privilegios administrativos que recibía como excanciller.
Nuevos negocios en Rusia
La visita a Moscú coincidió con una nueva actividad empresarial de Schröder en territorio ruso.
El exmandatario fue incorporado recientemente al consejo de supervisión de Hyperglobus, una cadena de supermercados que anteriormente estuvo vinculada al grupo alemán Globus.
Durante su estancia en la capital rusa, Schröder visitó uno de los establecimientos de la compañía, donde fue recibido por trabajadores y directivos.
Según la explicación entregada por el Kremlin, Putin se enteró de que su antiguo aliado político se encontraba en Moscú por compromisos empresariales y decidió invitarlo personalmente a celebrar su cumpleaños.
El episodio volvió a poner bajo escrutinio las relaciones comerciales que el exjefe de Gobierno mantiene con Rusia, pese a las sanciones económicas occidentales impuestas tras la invasión de Ucrania.
La frustrada posibilidad de actuar como mediador
La polémica también revive las declaraciones realizadas en mayo de 2026 por Putin, cuando mencionó a Schröder como una figura que podría facilitar eventuales conversaciones entre Rusia y países europeos.
El mandatario ruso destacó entonces la experiencia política del excanciller y su conocimiento de las relaciones entre Moscú y Berlín.
Sin embargo, la posibilidad fue rápidamente cuestionada por autoridades europeas y ucranianas.
El ministro de Exteriores de Ucrania, Andri Sibiga, rechazó que Schröder pudiera desempeñar un papel de mediación, mientras que la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, recordó sus estrechos vínculos empresariales con compañías estatales rusas.
Posteriormente, el Kremlin aclaró que Putin no había presentado una propuesta formal para designarlo mediador, sino que simplemente había mencionado su nombre al responder una pregunta sobre posibles interlocutores europeos.
Una relación que incomoda a Berlín
La amistad entre Schröder y Putin se remonta a los años en que ambos ejercían el poder en sus respectivos países.
Durante su mandato, Alemania profundizó su cooperación energética con Rusia, una estrategia que posteriormente generó fuertes cuestionamientos debido a la dependencia alemana del gas ruso.
El proyecto Nord Stream, destinado a transportar gas natural desde Rusia hasta Alemania a través del mar Báltico, se convirtió en uno de los principales símbolos de esa relación.
Tras la invasión de Ucrania, Berlín aceleró sus esfuerzos para diversificar sus suministros energéticos y reducir su dependencia de Moscú.
El Gobierno de Merz ha mantenido una posición de respaldo político, económico y militar a Ucrania, al tiempo que insiste en que cualquier salida diplomática debe respetar la soberanía y la integridad territorial del país invadido.
En ese contexto, la presencia de un antiguo canciller alemán en una celebración privada con Putin representa un nuevo foco de tensión política en Berlín, particularmente mientras Europa debate cómo sostener su apoyo a Kiev y qué condiciones permitirían reabrir negociaciones con Moscú.
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