
La violencia en Puerto Príncipe, capital de Haití, se ha intensificado durante los últimos diez días, luego de la desaparición de cuatro militares salvadoreños en una emboscada perpetrada por grupos criminales. Los enfrentamientos, que incluyen intensos tiroteos y explosiones provocadas por drones, han afectado especialmente a sectores densamente poblados del noreste de la ciudad.
Entre el 18 y el 26 de octubre, Médicos Sin Fronteras (MSF) atendió a 30 personas heridas por disparos y explosiones en los hospitales de Tabarre y Cité Soleil. Entre las víctimas se encuentran mujeres y niños, en medio de una creciente preocupación por las consecuencias humanitarias de las operaciones militares.
Davina Hayles, jefa de misión de MSF en Haití, advirtió que el recrudecimiento de los combates está poniendo en peligro a la población civil y dificultando el acceso a los establecimientos de salud.
La organización pidió a las autoridades y a los grupos involucrados en los enfrentamientos garantizar la protección de los habitantes y permitir la atención médica de todas las personas heridas o enfermas.
El Salvador refuerza su presencia militar
La escalada de violencia coincide con el envío de nuevos contingentes salvadoreños para localizar a cuatro integrantes de sus Fuerzas Armadas desaparecidos el pasado 18 de octubre.
Informaciones conocidas este miércoles 28 de octubre sitúan el despliegue en aproximadamente 1.300 militares, aunque otras estimaciones lo cifran en torno a 1.000 efectivos. La magnitud definitiva del contingente todavía no cuenta con una confirmación pública detallada.
Los operativos se concentran en Santo, localidad perteneciente a la comuna de Croix-des-Bouquets, donde los militares fueron emboscados mientras se desplazaban en un vehículo que posteriormente fue incendiado.
Los cuatro salvadoreños, especialistas en operaciones aeronáuticas, formaban parte de la Fuerza de Supresión de Pandillas, misión internacional respaldada por Naciones Unidas para combatir a las organizaciones criminales que controlan amplias zonas del país.
El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, anunció el 21 de octubre una operación destinada a recuperar a los desaparecidos y exigió su liberación.
El mandatario advirtió que, de no producirse su regreso, las operaciones contra los responsables podrían intensificarse.
Sin embargo, el paradero de los cuatro militares continúa sin confirmarse oficialmente.
Pandillas aseguran que los soldados murieron
La incertidumbre aumentó después de que Wilson Joseph, conocido como Lanmo Sanjou y señalado como líder de la organización criminal 400 Mawozo, difundiera un video en el que aseguró que los militares habían muerto durante un ataque.
Según su versión, los salvadoreños ingresaron a un territorio controlado por la pandilla Chen Mechan, cuyos integrantes habrían abierto fuego al detectar un vehículo desconocido.
Joseph describió el incidente como una equivocación y negó que su organización mantuviera cautivos a los militares.
Estas afirmaciones no han sido verificadas de manera independiente.
El 24 de octubre, Bukele rechazó que unos restos humanos entregados a representantes salvadoreños correspondieran a los cuatro desaparecidos.
Posteriormente, la fuerza internacional confirmó que había recibido restos cuya identidad debía ser establecida mediante procedimientos de identificación.
Hasta este miércoles, no existía una confirmación definitiva sobre la muerte de los cuatro militares.
Una crisis que ha desplazado a 1,5 millones de personas
La nueva ofensiva ocurre en medio de una de las crisis de seguridad más graves del continente americano.
Las organizaciones criminales mantienen el control de extensos territorios de Puerto Príncipe y sus alrededores, donde operan mediante extorsiones, secuestros, ataques armados y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.
Las estimaciones sobre su dominio territorial varían, pero distintas evaluaciones sitúan entre el 70% y el 90% la proporción de la capital bajo influencia de las pandillas.
La violencia ha provocado el desplazamiento de cerca de 1,5 millones de personas, mientras más de 5.700 habitantes murieron o resultaron heridos en hechos violentos entre enero y mediados de septiembre de 2026.
El deterioro de la seguridad también ha profundizado la crisis política que atraviesa Haití desde el asesinato del presidente Jovenel Moïse, ocurrido en julio de 2021.
La ausencia de autoridades elegidas mediante sufragio y los sucesivos aplazamientos electorales han dificultado la reconstrucción institucional del país.
Una misión internacional todavía incompleta
La Fuerza de Supresión de Pandillas, creada para reforzar la lucha contra las organizaciones criminales, cuenta actualmente con alrededor de 2.000 integrantes, una cifra considerablemente inferior a los 5.550 efectivos contemplados para su despliegue completo.
La misión reemplazó a la anterior operación multinacional encabezada por Kenia, que enfrentó dificultades operativas y financieras para recuperar los territorios dominados por las pandillas.
El incremento de la presencia salvadoreña representa un cambio importante en la participación de ese país en la crisis haitiana, aunque persisten interrogantes sobre la duración de las operaciones y la estructura de mando de los nuevos contingentes.
Mientras continúan las labores de búsqueda, el principal desafío humanitario sigue siendo evitar que los enfrentamientos entre militares y organizaciones criminales provoquen nuevas víctimas entre los habitantes de Puerto Príncipe.
La situación también amenaza con profundizar el desplazamiento interno y dificultar aún más el funcionamiento de hospitales y servicios esenciales en una capital que lleva años sometida a la violencia armada.
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