
El juego en línea ya es una industria de peso en Chile, aunque opere sin una ley propia. Las estimaciones citadas en la discusión legislativa sitúan los ingresos brutos del sector en torno a los 3.100 millones de dólares en 2024, una cifra que creció sin licencias locales ni impuestos específicos. Mientras tanto, el proyecto que debe ordenar ese mercado avanza con calma en el Senado. La distancia entre ambas velocidades, la del mercado y la del Congreso, define hoy la experiencia de cientos de miles de usuarios chilenos.
Qué se juega en Chile
La oferta es amplia y se parece cada vez más a la de los mercados regulados de la región. Las apuestas deportivas viven semanas de alta demanda con el Mundial en pleno desarrollo y el casino en vivo gana terreno entre quienes buscan crupieres reales. Las tragamonedas, en tanto, se mantienen como la categoría más jugada, igual que en casi todos los mercados del mundo.
El catálogo disponible para un usuario chileno es enorme. Los listados que comparan tragamonedas online en Chile, con el porcentaje de retorno al jugador y el proveedor de cada título detallados, reúnen cientos de títulos activos, desde los clásicos de tres rodillos hasta los formatos con premios acumulados. Ese porcentaje de retorno, conocido como RTP, indica qué parte de lo apostado devuelve un juego en el largo plazo, y se ha convertido en el dato que los jugadores más informados revisan antes de elegir dónde entretenerse.
El celular terminó de consolidar el fenómeno. La mayoría de las plataformas opera con versiones móviles o aplicaciones propias, lo que llevó el catálogo completo al bolsillo del usuario y multiplicó las sesiones cortas, de minutos, que antes no existían en el juego presencial. La frontera entre el videojuego casual y el juego con apuestas se volvió, en la práctica, una cuestión de pocos clics.
Una ley en segundo trámite
El marco legal corre por detrás. El proyecto de ley que regula el desarrollo de las plataformas de apuestas en línea fue aprobado en general por el Senado y hoy se discute en particular, en su segundo trámite constitucional. El texto crea un mercado semiabierto bajo autorización administrativa, le cambia el nombre a la actual Superintendencia de Casinos de Juego para que abarque apuestas y juegos de azar, y grava la actividad con IVA más un impuesto específico de 20%. Las plataformas autorizadas deberán cumplir además requisitos técnicos y protocolos de juego responsable definidos por el regulador, condiciones que hoy ningún sitio que acepta usuarios chilenos está obligado a acreditar ante una autoridad local.
El componente tributario, de hecho, ya genera discusión por su cuenta. La aplicación de IVA a los servicios digitales de entretenimiento reabrió el debate sobre cuánto recauda el fisco mientras la actividad sigue sin marco propio, un argumento que los partidarios de acelerar el trámite repiten en cada sesión.
El calendario importa tanto como el contenido. La persecución del juego ilegal regiría apenas se publique la ley, pero las licencias en régimen solo se entregarán una vez dictado el reglamento, con un plazo de seis meses. Es decir, incluso con la ley aprobada, el mercado formal tardaría en ponerse en marcha.
El juego en línea, en tierra de nadie
Hasta que eso ocurra, la actividad sigue en una zona gris. Bajo la normativa vigente solo Polla Chilena de Beneficencia, Lotería de Concepción y Teletrak cuentan con autorización para ofrecer ciertos juegos y apuestas, y la Superintendencia ha insistido en que explotar plataformas sin permiso es ilícito. Los tribunales han recibido el conflicto por ambos lados, con operadores y autoridades disputando el estatus de los sitios internacionales que aceptan usuarios chilenos, y el propio organismo ha presentado decenas de acciones judiciales contra plataformas que considera fuera de la ley.
La señal más reciente vino del nivel municipal: la comuna de Independencia anunció que bloqueará el acceso a sitios de apuestas en sus dependencias y propuso restringir su publicidad en espacios públicos. Son medidas acotadas, pero ilustran el punto de fondo: ante la falta de una ley nacional, cada actor improvisa su propia regla.
Para el usuario, ese vacío tiene consecuencias concretas. No existe un registro local de autoexclusión que cubra estas plataformas ni mecanismos de reclamo ante una autoridad chilena: quien juega hoy depende de las protecciones que cada operador internacional decida ofrecer.
Lo que cambiará para el jugador
Si el proyecto completa su trámite, el panorama sería otro. Las plataformas licenciadas quedarían obligadas a operar con reglas chilenas: protocolos de juego responsable, herramientas de autoexclusión administradas por el regulador, publicidad acotada y tributación local. El usuario podría distinguir con claridad entre un operador autorizado y uno que no lo está, algo que hoy exige revisar licencias extranjeras una por una.
Hasta entonces, la recomendación de los especialistas en juego responsable se mantiene: tratar el juego en línea como lo que es, un entretenimiento con costo, y definir de antemano cuánto tiempo y cuánto dinero se le dedicará. En un mercado que todavía no tiene árbitro, la primera regla la pone el propio jugador.
La entrada El juego en línea crece en Chile más rápido que la ley que busca regularlo se publicó primero en El Periodista.

