
El 6 de octubre de 1927, hace exactamente 99 años, se estrenó en Nueva York El cantor de jazz (The Jazz Singer), una película que terminaría convertida en uno de los grandes puntos de inflexión de la historia del cine.
Dirigida por Alan Crosland y protagonizada por Al Jolson, May McAvoy, Warner Oland y Eugenie Besserer, la producción de Warner Bros. fue el primer largometraje de gran repercusión comercial que incorporó secuencias de diálogo hablado sincronizado con la imagen, mediante el sistema Vitaphone.
La película no era completamente sonora. De hecho, la mayor parte de sus cerca de 90 minutos mantenía las características del cine mudo, con intertítulos, música y efectos sincronizados. Apenas unos dos minutos correspondían a diálogo hablado. Sin embargo, fueron suficientes para provocar una revolución.
Una de las escenas que pasó a la historia ocurre después de que el personaje interpretado por Jolson canta ante el público. El actor comienza inesperadamente a hablar, demostrando que la voz humana podía incorporarse de manera sincronizada a una película destinada a las salas comerciales.
Una apuesta tecnológica de Warner Bros.
El cantor de jazz utilizó Vitaphone, un sistema que sincronizaba la proyección de la película con discos que contenían la música, las canciones y los diálogos. La tecnología ya había sido utilizada por Warner Bros. en Don Juan, estrenada en 1926, pero aquella producción incorporaba música y efectos sonoros sin diálogos hablados.
El salto dado con The Jazz Singer demostró que el sonido podía convertirse no solo en una innovación técnica, sino también en un poderoso atractivo comercial.
La producción tuvo un presupuesto de aproximadamente US$422.000, una suma considerable para la época. Para 1931 había generado alrededor de US$2 millones, mientras otros registros sitúan sus ingresos comerciales totales en aproximadamente US$2,6 millones.
El resultado aceleró las inversiones de los grandes estudios en tecnologías de sonido y obligó a las salas de cine a adaptar sus instalaciones. En pocos años, el modelo industrial construido durante la era muda había cambiado por completo.
La historia detrás de la innovación
La película está basada en una obra de Samson Raphaelson y relata la vida de Jakie Rabinowitz, hijo de un cantor judío que debe enfrentarse a las expectativas familiares y religiosas para perseguir su sueño de convertirse en artista.
Ya adulto y utilizando el nombre artístico Jack Robin, el protagonista alcanza reconocimiento como cantante de jazz, pero su carrera entra en conflicto con la tradición de su familia y especialmente con la voluntad de su padre.
La historia tenía además elementos cercanos a la propia trayectoria de Jolson, cuyo padre también había sido cantor y se había opuesto inicialmente a su carrera en el espectáculo.
No fue la primera película con sonido
Con el paso del tiempo se instaló la idea de que El cantor de jazz fue simplemente «la primera película sonora». La definición requiere algunas precisiones.
Antes de 1927 ya existían experimentos cinematográficos con sonido sincronizado y Warner Bros. había estrenado Don Juan en agosto de 1926 utilizando Vitaphone para acompañamiento musical y efectos. La importancia histórica de The Jazz Singer radica principalmente en haber incorporado diálogos sincronizados dentro de un largometraje y, sobre todo, en demostrar su enorme potencial comercial.
La transformación se consolidaría rápidamente. En 1928 apareció Lights of New York, considerada el primer largometraje completamente hablado, confirmando que el cambio tecnológico ya era irreversible.
Una película histórica, pero también controvertida
Vista desde la actualidad, El cantor de jazz contiene además elementos que han generado una profunda revisión crítica. En algunas de sus actuaciones, Jolson aparece utilizando blackface, práctica teatral en la que intérpretes blancos se maquillaban para representar de manera estereotipada a personas negras.
Esta tradición, ampliamente extendida durante determinadas etapas del espectáculo estadounidense, es actualmente considerada una manifestación racista y constituye uno de los aspectos más controvertidos del legado de la película.
Pese a ello, su influencia tecnológica e industrial resulta difícil de separar de la historia del cine. En 1996, The Jazz Singer fue seleccionada para su preservación en el National Film Registry de Estados Unidos por su relevancia cultural e histórica.
A 99 años de su estreno, El cantor de jazz permanece así como una obra situada exactamente en la frontera entre dos épocas: todavía pertenecía en gran medida al cine mudo, pero contenía la innovación que terminaría por hacerlo desaparecer de las grandes producciones comerciales.
Después de aquella noche del 6 de octubre de 1927, el público ya no esperaba solamente ver a los actores en la pantalla. También quería escucharlos.
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