
Las fuerzas de seguridad de Georgia detuvieron a un ciudadano de ese país acusado de intentar vender uranio-238 a un extranjero por US$700.000, en un nuevo episodio relacionado con el tráfico ilícito de materiales nucleares en una región que desde la desaparición de la Unión Soviética ha enfrentado problemas para controlar este tipo de sustancias.
El hombre fue arrestado este miércoles mientras se desplazaba en un vehículo. Durante el procedimiento, los agentes encontraron en el maletero varios recipientes pequeños y un contenedor con un polvo de color claro que será sometido a análisis para determinar su composición y características.
En el operativo también fue incautado un detector portátil de radiación, elemento que forma parte de la investigación destinada a establecer el origen del material, cómo llegó a manos del detenido y quién era el eventual comprador.
El sospechoso es investigado por manipulación ilegal de material nuclear y, en caso de ser declarado culpable, podría enfrentar una pena de hasta diez años de prisión.
El uranio-238 y su uso
El uranio-238 es el isótopo de uranio más abundante en la naturaleza y constituye más del 99% del uranio natural. Se trata de un material radiactivo, aunque no posee las características necesarias para ser utilizado directamente como material fisible en una bomba nuclear convencional.
Su presencia en un circuito de comercialización clandestina, sin embargo, representa un problema de seguridad debido a los riesgos asociados a la manipulación y transporte de sustancias radiactivas, así como a la posibilidad de que materiales nucleares terminen en manos de organizaciones criminales.
La detención vuelve a colocar bajo atención internacional la seguridad nuclear en Georgia y otras antiguas repúblicas soviéticas. Tras la disolución de la Unión Soviética en 1991, una de las principales preocupaciones internacionales fue el control de instalaciones, equipos y materiales radiactivos que habían quedado distribuidos por distintos territorios del antiguo bloque.
Antecedentes de tráfico nuclear
Georgia ha registrado durante las últimas décadas diversos procedimientos relacionados con la compraventa clandestina de sustancias radiactivas. Las autoridades han desarticulado operaciones en las que intermediarios buscaban compradores para materiales presentados como uranio u otras sustancias de uso nuclear.
El problema excede a Georgia. Desde la década de 1990 se han detectado en distintos países de Europa Oriental y del Cáucaso intentos de tráfico de materiales radiactivos procedentes, en algunos casos, de instalaciones industriales, científicas o médicas.
Estos episodios han reforzado los controles fronterizos y los mecanismos de detección radiológica, especialmente ante el riesgo de que sustancias radiactivas puedan ser utilizadas con fines criminales o para fabricar dispositivos de dispersión radiológica, conocidos como “bombas sucias”.
La investigación abierta en Georgia deberá determinar ahora la autenticidad y cantidad del material incautado, además de identificar al ciudadano extranjero al que presuntamente se pretendía vender el uranio-238 por US$700.000.
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