
El líder opositor israelí Gadi Eisenkot pidió este viernes al presidente Isaac Herzog que le otorgue el mandato para formar un nuevo Gobierno, con el objetivo de poner fin a la administración de Benjamin Netanyahu, a quien considera una amenaza para la democracia y la estabilidad institucional de Israel.
La solicitud se produce tras las elecciones legislativas del 27 de octubre, en las que el Likud de Netanyahu consiguió mantenerse como la fuerza más votada, pero sin garantizar la continuidad de su coalición gobernante.
Eisenkot, líder del partido Yashar, sostiene que el resultado electoral representa una derrota política para el actual primer ministro y que existe una mayoría parlamentaria contraria a su permanencia en el poder.
Según sus cálculos, 74 de los 120 diputados de la Knéset no confían en Netanyahu, aunque esa cifra no implica necesariamente que todos estén dispuestos a respaldar un Gobierno encabezado por Eisenkot.
El dirigente opositor espera que Herzog le encomiende este domingo la tarea de intentar constituir una nueva mayoría parlamentaria.
Condiciones para una nueva coalición
Eisenkot ha intensificado las conversaciones con las distintas fuerzas opositoras, incluidos partidos árabes israelíes que han manifestado su disposición inicial a respaldar una alternativa a Netanyahu.
Sin embargo, el exjefe del Estado Mayor israelí advirtió que cualquier formación interesada en incorporarse a su Gobierno deberá aceptar cuatro principios fundamentales.
Entre las condiciones que hizo públicas figuran el reconocimiento de Israel como Estado judío y democrático, la consideración de Hamás como organización terrorista y el compromiso de desmantelar su capacidad militar.
Estas exigencias podrían complicar las negociaciones con las formaciones árabes, cuyo respaldo puede resultar decisivo para alcanzar una mayoría parlamentaria.
La Knéset cuenta con 120 escaños, por lo que una coalición necesita normalmente el respaldo de al menos 61 diputados para disponer de una mayoría absoluta.
Netanyahu enfrenta una creciente presión política
La ofensiva de Eisenkot se desarrolla en medio de una profunda fragmentación del escenario político israelí, marcada por las consecuencias de la guerra en Gaza, las tensiones regionales y los cuestionamientos a la conducción de Netanyahu.
Tras los comicios, el primer ministro planteó la posibilidad de establecer un Gobierno de unidad nacional amplio, aunque excluyendo a las formaciones árabes. Esa propuesta encontró resistencias entre sectores opositores que consideran agotado su liderazgo.
En paralelo, dirigentes de la extrema derecha israelí, entre ellos Itamar Ben Gvir, han endurecido sus posiciones frente a la representación política árabe, profundizando las dificultades para construir acuerdos transversales.
El eventual respaldo de partidos árabes a Eisenkot representa un cambio relevante en las negociaciones, aunque persisten diferencias sustanciales sobre la cuestión palestina, la seguridad nacional y el futuro de Gaza.
Una advertencia sobre la democracia israelí
Eisenkot elevó el tono de sus críticas al sostener que Israel atraviesa una emergencia institucional que exige una transición política inmediata.
A su juicio, mantener a Netanyahu al frente del Gobierno, pese a haber perdido la confianza de una parte significativa del Parlamento, constituye un riesgo para el funcionamiento de las instituciones.
El dirigente considera especialmente delicado que el primer ministro continúe ejerciendo autoridad sobre los organismos de seguridad y las fuerzas del orden mientras se intenta conformar una nueva mayoría.
La decisión de Herzog será determinante para establecer quién tendrá la primera oportunidad de negociar una coalición. En el sistema parlamentario israelí, el presidente debe evaluar qué candidato reúne mayores posibilidades de conseguir el respaldo de la Knéset.
Aunque Eisenkot asegura que las conversaciones avanzan favorablemente, todavía deberá transformar el rechazo compartido a Netanyahu en un acuerdo de Gobierno que supere las diferencias ideológicas, religiosas y territoriales de la oposición.
La disputa abre así una nueva etapa de incertidumbre política en Israel, en un momento en que la situación de Gaza y las tensiones en Medio Oriente siguen condicionando la agenda de seguridad del país.
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