
La República Democrática del Congo (RDC) enfrenta el brote de ébola más mortífero de su historia, con 9.816 casos confirmados y 4.757 fallecidos hasta el 23 de octubre de 2026, según el último balance epidemiológico disponible. La enfermedad continúa propagándose en distintas regiones del país, mientras las autoridades intentan contener los contagios en medio de episodios de violencia contra el personal sanitario.
La epidemia, declarada el 15 de mayo, es causada por el virus Bundibugyo, una variante del ébola para la cual todavía no existen vacunas ni tratamientos específicos aprobados.
Con las cifras actualizadas, la tasa de letalidad alcanza aproximadamente el 48,5%, lo que refleja la gravedad de la enfermedad y las dificultades para garantizar atención médica oportuna a los pacientes.
El brote ya supera ampliamente al registrado entre 2018 y 2020, que dejó 2.287 fallecidos y había sido considerado hasta ahora el más devastador en la historia del país africano.
Ituri concentra más del 70% de los contagios
La provincia de Ituri, situada en el noreste del país, continúa siendo el epicentro de la emergencia sanitaria.
Según el último desglose provincial disponible, correspondiente al 20 de octubre, Ituri acumulaba 7.040 contagios y 3.271 fallecidos, equivalente al 72,5% de los casos registrados hasta esa fecha.
Le sigue Kivu Norte, con 2.146 contagios y 1.199 muertes, mientras que Alto Uélé contabilizaba 421 casos y 183 fallecidos.
La enfermedad también se ha detectado en Tshopo, Bajo Uélé, Kivu Sur, Ubangi Norte y Ubangi Sur, afectando a un total de 66 zonas sanitarias distribuidas en ocho provincias.
Hasta el 20 de octubre, 2.595 pacientes habían superado la enfermedad, mientras que el seguimiento efectivo de contactos alcanzaba el 79,7%, por debajo del objetivo sanitario del 95%.
La detección temprana y el aislamiento de las personas infectadas siguen siendo fundamentales para interrumpir la transmisión.
Asesinan a enfermero durante labores de respuesta al ébola
La emergencia sanitaria se agravó durante el fin de semana tras el asesinato de un enfermero que participaba en las operaciones de respuesta al brote en Bafwasende, localidad situada en la provincia de Tshopo.
El ataque ocurrió el sábado 24 de octubre y dejó además a otro trabajador sanitario gravemente herido.
El director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, condenó el asesinato y reiteró que quienes trabajan para proteger a las comunidades deben poder desarrollar sus funciones en condiciones de seguridad.
El incidente pone nuevamente de manifiesto las dificultades que enfrentan los equipos médicos en determinadas zonas del país, donde la desinformación, la desconfianza hacia las autoridades y los conflictos locales han generado resistencia a las medidas de prevención.
Los ataques contra trabajadores sanitarios pueden provocar el cierre temporal de centros de atención, interrumpir el seguimiento de contactos y retrasar el traslado de pacientes infectados.
La violencia también ha afectado a dirigentes políticos que respaldan las medidas de control de la epidemia, aumentando la preocupación por la seguridad de las operaciones sanitarias.
El brote se extiende a otros países
La propagación del virus ha traspasado las fronteras congoleñas, con contagios relacionados con la epidemia registrados en Uganda, Francia, Kenia y Nigeria.
En Kenia, el brote había provocado nueve contagios confirmados y dos fallecimientos hasta el 23 de octubre.
Nigeria confirmó su primer caso importado el 20 de octubre, correspondiente a una persona que había viajado desde Uganda y fue detectada en Abuja.
Uganda acumulaba 20 casos confirmados y dos muertes, mientras que Francia había registrado un contagio importado, cuyo paciente se recuperó.
Considerando los cinco países afectados, el balance internacional alcanzaba 9.847 casos confirmados y 4.761 fallecimientos al 23 de octubre.
Las autoridades sanitarias mantienen reforzada la vigilancia epidemiológica y los controles en los puntos de entrada para detectar nuevos contagios y evitar la expansión de la enfermedad.
Una epidemia que supera la crisis de 2018-2020
La República Democrática del Congo ha enfrentado numerosos brotes de ébola desde que la enfermedad fue identificada en 1976.
Uno de los episodios más graves ocurrió entre 2018 y 2020, principalmente en las provincias de Kivu Norte e Ituri, cuando se registraron aproximadamente 3.470 casos y 2.287 fallecidos.
Sin embargo, la actual epidemia ya supera ampliamente aquellas cifras, tanto en número de contagios como de muertes.
A nivel mundial, el brote más devastador continúa siendo el registrado en África occidental entre 2014 y 2016, que afectó principalmente a Guinea, Liberia y Sierra Leona, con 28.616 casos y alrededor de 11.300 fallecimientos.
La actual crisis congoleña todavía se encuentra por debajo de ese balance histórico, pero su evolución mantiene en alerta a los sistemas sanitarios de África central y oriental.
Una variante sin vacuna aprobada
El brote de 2026 es provocado por el virus Bundibugyo, que pertenece al grupo de virus responsables de la enfermedad del Ébola.
A diferencia del virus del Ébola de Zaire, para el cual existen vacunas y tratamientos específicos, el Bundibugyo carece actualmente de herramientas farmacológicas aprobadas para prevenir o tratar directamente la infección.
Por ello, las medidas de control se concentran en la identificación rápida de pacientes, el aislamiento, la atención médica de apoyo, el seguimiento de contactos y la realización de entierros seguros.
El virus se transmite principalmente mediante el contacto directo con sangre u otros fluidos corporales de personas infectadas que presentan síntomas, así como por materiales contaminados.
El período de incubación puede variar entre dos y 21 días. Los primeros síntomas suelen incluir fiebre, fatiga, dolores musculares y dolor de cabeza, seguidos en algunos pacientes de vómitos, diarrea y complicaciones orgánicas graves.
La ausencia de una vacuna específica y la persistencia de contagios comunitarios convierten la epidemia en uno de los principales desafíos sanitarios que enfrenta actualmente el continente africano.
Riesgo regional y desafíos para contener la enfermedad
La expansión geográfica del brote ha obligado a reforzar la cooperación sanitaria internacional.
La evaluación epidemiológica considera muy alto el riesgo dentro de República Democrática del Congo y alto para los países que comparten fronteras con su territorio, mientras que el riesgo global continúa clasificado como bajo.
Las dificultades para acceder a determinadas comunidades, la falta de personal especializado, la inseguridad y los ataques contra equipos médicos complican las operaciones de contención.
En este escenario, la protección de los trabajadores sanitarios y el fortalecimiento de la vigilancia epidemiológica serán determinantes para evitar que la epidemia continúe extendiéndose.
La emergencia también vuelve a poner de manifiesto la vulnerabilidad de los sistemas de salud en regiones afectadas por conflictos prolongados, pobreza y dificultades de acceso a servicios médicos esenciales.
La entrada Ébola en el Congo: más de 9.800 contagios y 4.750 muertos en el peor brote de su historia se publicó primero en El Periodista.

