
Israel se prepara para una elección parlamentaria decisiva, en medio de profundas divisiones sobre el futuro político del país, la seguridad nacional y las consecuencias de los conflictos militares que han sacudido a Medio Oriente durante los últimos años.
La votación prevista para este martes 27 de octubre representa, según el escenario electoral descrito, la primera oportunidad para que los ciudadanos evalúen en las urnas la gestión del primer ministro Benjamin Netanyahu desde los ataques perpetrados por Hamás el 7 de octubre de 2023.
La continuidad del mandatario, que acumula más de 18 años al frente del Gobierno israelí en distintos períodos, depende de su capacidad para reconstruir una mayoría parlamentaria con sus aliados nacionalistas y religiosos.
Enfrente aparece una oposición heterogénea que comparte el objetivo de desplazarlo del poder, pero mantiene importantes diferencias sobre seguridad, religión, relaciones con la población árabe israelí y el futuro de los territorios palestinos.
El exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot emerge como una de las principales figuras de ese sector, con un discurso centrado en la renovación política, el fortalecimiento institucional y la recuperación de la confianza ciudadana.
El peso del 7 de octubre y la guerra en Gaza
El ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 constituye uno de los principales factores que condicionan la elección.
La ofensiva dejó alrededor de 1.200 muertos en Israel y provocó el secuestro de 251 personas, desencadenando una guerra de consecuencias devastadoras para la Franja de Gaza.
El conflicto también abrió un intenso debate interno sobre las responsabilidades políticas, militares y de inteligencia que permitieron que se produjera el ataque.
Netanyahu ha defendido su gestión de la guerra y sostiene que las operaciones militares contra Hamás, Hezbolá e Irán han fortalecido la seguridad israelí.
Sus adversarios, en cambio, cuestionan la falta de una investigación independiente sobre las fallas del 7 de octubre, el costo humano de la ofensiva en Gaza y el deterioro de las relaciones internacionales del país.
A estas controversias se suma el proceso judicial por corrupción que enfrenta Netanyahu, quien rechaza las acusaciones en su contra.
La reforma del sistema judicial impulsada por su Gobierno también ha sido uno de los principales focos de enfrentamiento político, debido a las críticas sobre sus posibles efectos en la independencia de los tribunales y el equilibrio entre los poderes del Estado.
Eisenkot toma ventaja en los sondeos, pero sin mayoría asegurada
Las encuestas publicadas durante octubre muestran una competencia estrecha entre el Likud de Netanyahu y Yashar, la formación encabezada por Eisenkot.
Un promedio de nueve sondeos recientes sitúa a Yashar con aproximadamente 22,1 escaños, frente a 20,6 del Likud. La coalición que sostiene al actual Gobierno obtendría alrededor de 50 parlamentarios, lejos de los 61 necesarios para controlar la Knesset, integrada por 120 miembros.
Las proyecciones presentan diferencias significativas. Mientras algunos estudios anticipan una ventaja de la oposición, otros muestran una recuperación del oficialismo. En cualquier caso, ninguno de los bloques tiene garantizada la mayoría.
Una encuesta difundida el 12 de octubre también situó a Eisenkot por delante de Netanyahu en las preferencias para encabezar el próximo Gobierno, con un 43% frente al 38%.
Estos resultados reflejan una tendencia favorable al exmilitar, pero no garantizan su llegada al poder, debido a la complejidad del sistema parlamentario israelí.
La oposición busca terminar con la era Netanyahu
Eisenkot, quien dirigió las Fuerzas Armadas israelíes entre 2015 y 2019, ha construido su candidatura sobre la necesidad de recuperar la confianza en las instituciones y ofrecer una alternativa al actual primer ministro.
Su figura adquirió especial relevancia después del 7 de octubre de 2023. Durante la guerra en Gaza perdió a uno de sus hijos, un episodio que marcó profundamente su trayectoria personal y política.
El bloque opositor incluye a la alianza Juntos, integrada por Naftali Bennett y Yair Lapid, quienes encabezaron sucesivamente el Gobierno formado en 2021 para desplazar a Netanyahu.
También participan Los Demócratas, surgidos de la unión entre el Partido Laborista y Meretz, bajo el liderazgo de Yair Golan, y el partido secular de derecha Yisrael Beitenu, encabezado por Avigdor Lieberman.
Aunque estas fuerzas coinciden en la necesidad de un cambio político, sus posiciones sobre la seguridad, la política económica y las relaciones con los palestinos presentan diferencias considerables.
Una de las principales controversias se relaciona con el servicio militar obligatorio para los ciudadanos ultraortodoxos, tradicionalmente beneficiados por exenciones que han generado creciente malestar entre los sectores que cumplen con el reclutamiento.
Eisenkot ha defendido la necesidad de ampliar las obligaciones militares, una postura que dificulta cualquier eventual entendimiento con las formaciones religiosas que actualmente respaldan a Netanyahu.
Netanyahu apuesta por sus aliados nacionalistas y religiosos
El primer ministro busca mantener su alianza con los sectores más conservadores de la política israelí.
Entre sus principales socios figuran Itamar Ben Gvir, líder de Poder Judío, y Bezalel Smotrich, referente del Sionismo Religioso, además de los partidos ultraortodoxos Shas y Judaísmo Unido de la Torá.
Estas organizaciones han respaldado políticas de línea dura frente a los palestinos y mantienen posiciones críticas respecto de eventuales concesiones territoriales.
Netanyahu también enfrenta el desafío de evitar la dispersión del voto de derecha hacia formaciones menores que podrían quedar fuera del Parlamento.
El sistema electoral establece un umbral mínimo del 3,25% de los votos válidos para obtener representación. Si un partido no alcanza ese porcentaje, sus sufragios no se traducen en escaños, lo que puede alterar significativamente el equilibrio entre los bloques.
Una de las candidaturas que enfrenta ese riesgo es la del exgeneral Ofer Winter, cuya formación aparece con escasas posibilidades de superar la barrera electoral en los promedios recientes.
Los partidos árabes podrían definir al próximo Gobierno
La representación política de los ciudadanos árabes israelíes podría resultar determinante para resolver el escenario posterior a las elecciones.
Las principales fuerzas de ese sector son la Lista Conjunta, que reúne a Hadash, Ta’al y Balad, y la Lista Árabe Unida, encabezada por Mansour Abbas.
En conjunto, ambas formaciones podrían alcanzar alrededor de 14 escaños, una cifra suficiente para inclinar la balanza en un Parlamento fragmentado.
Sin embargo, Eisenkot ha rechazado hasta ahora la posibilidad de depender de los partidos árabes para constituir su Gobierno.
Esta posición representa una dificultad importante para la oposición, que podría conseguir más parlamentarios que el oficialismo sin disponer de los respaldos políticos necesarios para formar una administración estable.
El antecedente más significativo se produjo en 2021, cuando la Lista Árabe Unida participó en la coalición encabezada por Bennett y Lapid, convirtiéndose en un actor decisivo para desplazar temporalmente a Netanyahu.
Aquella experiencia demostró que era posible construir acuerdos entre sectores ideológicamente distantes, aunque también evidenció la fragilidad de esas alianzas.
Un gobierno de minoría o nuevas elecciones
Si ninguno de los principales bloques consigue los respaldos suficientes, Israel podría enfrentar un prolongado proceso de negociaciones.
Entre las alternativas figura la conformación de un gobierno de minoría, sostenido mediante acuerdos parlamentarios puntuales o abstenciones de partidos que no integrarían formalmente el Ejecutivo.
Otra posibilidad sería una alianza más amplia que incorporara sectores del Likud dispuestos a gobernar sin Netanyahu.
Sin embargo, esta opción enfrenta importantes resistencias internas, debido al control político que el actual primer ministro mantiene sobre su partido.
También se ha planteado la posibilidad de un gobierno de unidad nacional, aunque Eisenkot ha descartado participar en un acuerdo de rotación del cargo de primer ministro con Netanyahu.
De fracasar las negociaciones, el país podría verse obligado a convocar nuevas elecciones, reproduciendo la inestabilidad que caracterizó su sistema político entre 2019 y 2022, período durante el cual celebró cinco elecciones parlamentarias.
El futuro de Gaza y las relaciones con Medio Oriente
Más allá de la disputa entre Netanyahu y Eisenkot, las elecciones tendrán consecuencias para la política exterior israelí y el equilibrio regional.
La guerra en Gaza, los enfrentamientos con Hezbolá en Líbano y la confrontación con Irán han transformado las prioridades de seguridad del país.
La próxima administración deberá enfrentar decisiones relacionadas con la reconstrucción de Gaza, el futuro de los territorios palestinos, la seguridad de las fronteras y las relaciones con Estados Unidos y los países árabes.
También estará sobre la mesa el creciente aislamiento diplomático que enfrenta Israel por las consecuencias humanitarias de sus operaciones militares.
Otro elemento de controversia es la orden de arresto emitida en noviembre de 2024 por la Corte Penal Internacional contra Netanyahu por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad vinculados con el conflicto en Gaza. El mandatario rechaza las acusaciones.
La elección también podría influir en las perspectivas de una solución negociada al conflicto palestino-israelí, aunque las diferencias entre las principales fuerzas políticas no permiten anticipar un cambio sustancial e inmediato en esta materia.
Una elección que puede redefinir el rumbo de Israel
Las elecciones del 27 de octubre representan mucho más que una disputa por el control del Gobierno.
Por primera vez desde los ataques de Hamás de 2023, los ciudadanos israelíes podrán pronunciarse electoralmente sobre una etapa marcada por la guerra, la crisis institucional y una profunda transformación de la seguridad regional.
Netanyahu llega a la votación con una base electoral consolidada, pero enfrenta un desgaste político significativo.
Eisenkot, por su parte, aparece como una alternativa competitiva, aunque deberá demostrar que es capaz de transformar el respaldo electoral en una mayoría parlamentaria.
Las urnas definirán la composición de la próxima Knesset, pero no necesariamente resolverán de inmediato quién gobernará Israel.
El principal interrogante no es solamente qué partido obtendrá más escaños, sino quién conseguirá reunir los apoyos necesarios para conducir un país profundamente dividido y condicionado por las consecuencias de tres años de conflictos en Medio Oriente.
La entrada Israel vota dividido: Netanyahu se juega el poder frente al avance de Eisenkot se publicó primero en El Periodista.

