
El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, reivindicó este miércoles la nueva alianza que Washington y Caracas están construyendo, asegurando que el vínculo entre ambos países trasciende los millonarios acuerdos energéticos y comprende también dimensiones humanitarias y culturales.
“La nueva alianza entre Estados Unidos y Venezuela no es solo económica, es humanitaria y cultural. Se trata de construir un futuro más fuerte para ambos”, afirmó Wright en un mensaje divulgado después de su reciente visita a Caracas.
El funcionario recordó especialmente la cooperación estadounidense desplegada tras los devastadores terremotos que golpearon el centro-norte de Venezuela el pasado 24 de junio, provocando miles de víctimas y graves daños materiales.
Estados Unidos movilizó entonces equipos especializados de búsqueda y rescate, personal médico, suministros humanitarios, ingenieros y recursos destinados a evaluar la seguridad de edificios dañados.
Personal militar estadounidense también participó en la distribución de agua, alimentos y ayuda de emergencia, mientras equipos de rescate urbano fueron trasladados hasta Venezuela para colaborar con las operaciones en las áreas afectadas.
Wright recorrió durante su estadía algunos de los sectores afectados en Caracas y puso la respuesta frente a la catástrofe como ejemplo del nuevo escenario de cooperación entre ambos gobiernos.
Petróleo y electricidad en el centro de la nueva relación
La visita del secretario de Energía tuvo también un fuerte componente económico. El pasado 2 de septiembre, Wright participó en Caracas en la firma de una serie de acuerdos destinados a incrementar la producción petrolera venezolana y recuperar parte de la deteriorada infraestructura eléctrica del país.
Entre las compañías involucradas figuran Chevron, la italiana Eni y GE Vernova.
Chevron proyecta inversiones superiores a US$7.000 millones para ampliar sus operaciones y llevar eventualmente su producción en Venezuela hasta unos 600.000 barriles diarios.
En tanto, Eni contempla una inversión cercana a US$1.500 millones para desarrollar el bloque Junín 5, ubicado en la Faja Petrolífera del Orinoco.
GE Vernova participa, por su parte, en proyectos destinados a recuperar infraestructura eléctrica vinculada a la industria energética venezolana.
Los acuerdos forman parte de un proyecto mucho más amplio promovido por Washington para movilizar hasta US$100.000 millones en inversiones destinadas a recuperar la capacidad productiva de Venezuela.
La industria petrolera venezolana produce actualmente alrededor de 1,25 millones de barriles diarios, muy por debajo de los aproximadamente tres millones que alcanzaba a fines de la década de 1990.
Wright ha señalado que el objetivo estadounidense es incrementar de manera sustancial la producción energética en el continente americano y considera que Venezuela, poseedora de las mayores reservas probadas de petróleo del planeta, ocupa un lugar central en esa estrategia.
Una relación reconstruida después de siete años
La cooperación representa un cambio radical respecto del enfrentamiento que caracterizó durante años las relaciones entre Washington y Caracas.
Estados Unidos y Venezuela restablecieron formalmente relaciones diplomáticas y consulares el 5 de marzo de 2026, después de la ruptura ocurrida en 2019.
La normalización se produjo dos meses después de la operación militar estadounidense del 3 de enero de 2026, que culminó con la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores y su traslado a Nueva York para enfrentar cargos relacionados con narcotráfico.
Desde entonces, Delcy Rodríguez asumió la conducción interina del país y comenzó negociaciones directas con la administración del presidente Donald Trump.
La agenda bilateral ha incluido la comercialización de petróleo venezolano, la flexibilización de restricciones económicas, el desbloqueo de activos, inversiones privadas estadounidenses y mecanismos de cooperación energética.
El giro alcanzó una nueva dimensión a fines de agosto con un amplio convenio petrolero bilateral que abrió a compañías estadounidenses el acceso a importantes áreas de producción y reservas venezolanas.
La acelerada apertura del sector ha generado también controversias. Diversos especialistas y dirigentes venezolanos han cuestionado las condiciones jurídicas de algunos contratos, especialmente la adjudicación de activos y campos petroleros sin procesos competitivos tradicionales.
Pese a esas críticas, Washington y Caracas han presentado los nuevos acuerdos como el inicio de una transformación económica capaz de elevar considerablemente la producción venezolana y atraer nuevamente capital internacional.
El mensaje de Chris Wright busca ahora ampliar esa narrativa: además del petróleo y las inversiones, Estados Unidos pretende presentar la relación con Venezuela como una alianza estratégica que incorpora reconstrucción, asistencia humanitaria y cooperación de largo plazo.
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