
La 81ª Asamblea General de Naciones Unidas inició este martes 22 de septiembre en Nueva York su debate de alto nivel en uno de los escenarios internacionales más complejos de los últimos años: guerras abiertas en Irán y Ucrania, una situación todavía crítica en Gaza, tensiones sobre el futuro del sistema multilateral y una acelerada competencia mundial por el control de la inteligencia artificial.
Cerca de 130 jefes de Estado y de Gobierno participan durante la Semana de Alto Nivel, mientras los 193 países miembros tienen derecho a intervenir en el debate general, que se desarrollará hasta el 28 de septiembre. El lema escogido para este período es “Restaurar la confianza, gestionar la transformación: unas Naciones Unidas que cumplan para todos”.
Pero buena parte de la atención de la primera jornada estuvo concentrada en un hombre: Donald Trump.
El presidente estadounidense volvió a la tribuna de Naciones Unidas con un discurso construido alrededor de una idea central: Estados Unidos, según su diagnóstico, recuperó poder económico, militar y político bajo su administración y está dispuesto a utilizarlo para remodelar el escenario internacional.
Trump: Estados Unidos está de vuelta
Trump inició su intervención reivindicando los resultados de su gobierno y describiendo a Estados Unidos como un país fortalecido. Presentó su política exterior como una combinación de capacidad militar y negociación, asegurando que mientras otros gobiernos hablan de paz, su administración ha actuado para conseguirla.
El mandatario volvió así a utilizar la Asamblea General como una vitrina de su visión “America First”, en la que la cooperación internacional queda subordinada a los intereses estratégicos y a la soberanía estadounidense.
Su mensaje llegó, además, en medio de una relación especialmente difícil con el propio sistema de Naciones Unidas. Trump ha cuestionado reiteradamente la eficacia del organismo y su gobierno ha reducido parte del respaldo financiero estadounidense a distintas instituciones multilaterales.
La contradicción marcó buena parte de la jornada: el presidente de la principal potencia financiera y militar de la ONU utilizó precisamente su principal tribuna para defender una política internacional que privilegia acuerdos directos entre gobiernos, presión económica y poder militar.
La amenaza más dura fue para Irán
El capítulo más contundente del discurso estuvo dedicado a Irán y a la guerra que desde hace meses altera el equilibrio estratégico de Medio Oriente.
Trump defendió la decisión estadounidense de intervenir militarmente contra Teherán y sostuvo que Washington actuó para impedir que Irán obtuviera armas nucleares. Durante esa parte de su intervención, gran parte de la delegación iraní abandonó el salón de la Asamblea General.
El presidente estadounidense planteó públicamente dos caminos para Teherán: alcanzar un acuerdo que permita una reconstrucción del país o exponerse a una nueva escalada militar estadounidense.
“¿Se llegará a un acuerdo con Irán que les permita reconstruir y crear un país mucho mejor de lo que fue antes?”, preguntó Trump antes de plantear como alternativa una intensificación de la ofensiva estadounidense.
La formulación fue una de las declaraciones más severas de toda su intervención y deja abierta la posibilidad de nuevos ataques si las negociaciones fracasan.
El conflicto iraní se ha convertido en uno de los principales factores de inestabilidad mundial, especialmente por sus consecuencias sobre el estrecho de Ormuz, el transporte marítimo y los precios internacionales de la energía.
La guerra también ha tensionado a las monarquías del Golfo, especialmente después de los ataques de grupos respaldados por Irán en la región. Precisamente por ello, Trump tenía programados encuentros durante la jornada con representantes de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Bahréin y Omán.
Ucrania: Trump vuelve a prometer el fin de la guerra
El segundo gran conflicto abordado por el mandatario fue Ucrania.
Trump afirmó que continuará trabajando para terminar la guerra iniciada con la invasión rusa de febrero de 2022 y aseguró que Washington mantiene contactos con las autoridades rusas y ucranianas.
“Estamos trabajando muy estrechamente con los líderes de Rusia y Ucrania”, afirmó, expresando nuevamente su confianza en que será posible alcanzar un acuerdo.
El mensaje llega en momentos en que Washington intenta impulsar una tregua específica para detener los ataques contra infraestructura energética de ambos países.
Trump sostuvo además que dispone de nuevas herramientas de presión económica contra Moscú y que está preparado para utilizarlas si las considera necesarias. “Es hora de detener las muertes”, señaló durante su intervención.
La promesa, sin embargo, enfrenta una realidad diplomática difícil. Pese a los sucesivos intentos de negociación impulsados desde Washington, la guerra se acerca a los cinco años y continúan los ataques sobre territorio ucraniano y ruso.
El presidente estadounidense tenía previsto reunirse este mismo martes con Volodimir Zelenski en los márgenes de la Asamblea General.
Cuba y la apuesta por un cambio político
América Latina también apareció en el discurso.
Trump aseguró que su administración busca un “cambio fundamental” en Cuba y describió al régimen de La Habana como un Estado sometido a una presión económica y política sin precedentes.
Según el mandatario, el sistema cubano atraviesa una profunda fragilidad y anticipó que podría producirse una transformación política significativa en la isla.
Sus declaraciones profundizan la política de presión estadounidense sobre Cuba y vuelven a situar a la isla dentro de la estrategia regional de Washington.
Trump también defendió durante la jornada la actuación estadounidense en Venezuela y su política hacia el gobierno encabezado actualmente por Delcy Rodríguez, con quien tenía previsto mantener un encuentro en Nueva York.
La nueva batalla mundial: inteligencia artificial
Uno de los elementos novedosos de la intervención fue el espacio concedido a la inteligencia artificial.
Trump presentó el dominio de esta tecnología como uno de los factores que determinarán el poder mundial durante las próximas décadas y defendió que Estados Unidos mantenga una posición de liderazgo frente a China y otras potencias.
Incluso utilizó el concepto de “superinteligencia” para describir la próxima etapa del desarrollo tecnológico.
Su planteamiento contrastó con el del secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, quien puso el acento en los riesgos asociados al desarrollo sin controles de la inteligencia artificial y pidió establecer mecanismos internacionales de gobernanza para impedir usos potencialmente peligrosos, incluidos sistemas autónomos de armamento.
La diferencia resume uno de los debates que probablemente dominará los próximos años: mientras Naciones Unidas busca construir reglas globales, Estados Unidos considera la inteligencia artificial cada vez más como una cuestión de competencia económica, tecnológica y estratégica.
Guterres: el mundo atraviesa una crisis del multilateralismo
Antes de las intervenciones nacionales, António Guterres abrió la jornada con una advertencia sobre el estado del orden internacional.
En el que se espera sea su último discurso ante una Asamblea General como secretario general, describió un escenario marcado por guerras prolongadas, violaciones del derecho internacional, crisis humanitarias y debilitamiento de las instituciones multilaterales.
Guterres insistió en que ningún país puede enfrentar de manera aislada desafíos como las guerras, el cambio climático, la inteligencia artificial o las crisis económicas.
Su intervención adquiere especial relevancia porque Naciones Unidas atraviesa simultáneamente una crisis política y financiera. El organismo ha quedado muchas veces relegado en las negociaciones destinadas a detener los principales conflictos internacionales, mientras enfrenta dificultades presupuestarias y cuestionamientos sobre la eficacia del Consejo de Seguridad.
Lula critica la falta de liderazgo de Naciones Unidas
Como establece la tradición diplomática, Brasil fue el primer país en intervenir en el debate general.
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva aprovechó la tribuna para cuestionar la incapacidad de Naciones Unidas para responder adecuadamente a las guerras y crisis internacionales.
El mandatario brasileño sostuvo que el organismo atraviesa una crisis de credibilidad y defendió nuevamente el multilateralismo como alternativa a una política internacional basada exclusivamente en la fuerza.
Lula también defendió el principio de autodeterminación para Venezuela y criticó la persecución política de opositores en Nicaragua, al tiempo que cuestionó diferentes aspectos de la política exterior estadounidense.
El contraste entre Lula y Trump fue especialmente significativo.
Mientras el presidente brasileño reclamó fortalecer las instituciones multilaterales, el estadounidense defendió una arquitectura internacional mucho más vinculada al poder de los Estados y a negociaciones directas.
Gaza y Medio Oriente siguen en el centro de la Asamblea
Aunque Irán ocupó una parte sustancial de la intervención estadounidense, Gaza continúa siendo uno de los asuntos centrales de la Semana de Alto Nivel.
La agenda incluye discusiones sobre la solución de dos Estados y el futuro del plan de paz para Gaza, en medio de las persistentes tensiones entre Israel y los palestinos.
La cuestión palestina también vuelve a generar controversia diplomática después de que Estados Unidos negara por segundo año consecutivo visas a funcionarios palestinos. Mahmoud Abbas intervendrá mediante un mensaje grabado después de que los Estados miembros autorizaran esa modalidad.
El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu también llegará a Nueva York en un ambiente especialmente tenso, tanto por la situación regional como por las órdenes de arresto emitidas anteriormente por el Tribunal Penal Internacional.
Una ONU enfrentada a la pregunta sobre su propia relevancia
Más allá de las declaraciones individuales, la primera jornada de la 81ª Asamblea General dejó instalada una pregunta que atraviesa prácticamente todos los discursos: ¿qué capacidad real conserva Naciones Unidas para intervenir en las grandes crisis internacionales?
La guerra entre Rusia y Ucrania continúa pese a años de resoluciones y gestiones diplomáticas. Medio Oriente enfrenta una escalada regional que involucra directamente a Estados Unidos e Irán. Gaza continúa siendo escenario de una profunda crisis humanitaria y política. Y la carrera por la inteligencia artificial avanza más rápido que la construcción de normas internacionales.
La Asamblea General sigue siendo el único foro en el que los 193 Estados miembros disponen formalmente de un voto y pueden plantear sus posiciones ante la comunidad internacional. Pero las decisiones vinculantes sobre paz y seguridad continúan condicionadas por el Consejo de Seguridad y el derecho a veto de sus cinco miembros permanentes.
Ese dilema quedó expuesto con particular claridad este martes.
Guterres pidió recuperar la cooperación internacional. Lula reclamó una ONU capaz de proteger a los más vulnerables y recuperar su credibilidad. Trump, en cambio, llegó a Nueva York reivindicando la capacidad de Estados Unidos para actuar por cuenta propia y utilizar su poder económico y militar como instrumento central de política exterior.
Trump convierte Nueva York en centro de su ofensiva diplomática
El discurso fue solamente una parte de la intensa agenda estadounidense.
Trump tenía programadas reuniones con dirigentes de Reino Unido, Japón, Ucrania, Venezuela, Dinamarca y Groenlandia, además de representantes de las seis monarquías del Consejo de Cooperación del Golfo.
La Casa Blanca también contempla un acuerdo relacionado con Groenlandia destinado a ampliar la presencia militar estadounidense en el territorio y reforzar la seguridad en el Ártico, una región cuya importancia estratégica ha aumentado por la competencia entre Estados Unidos, Rusia y China.
De esta forma, el primer día del debate general dejó mucho más que una sucesión de discursos.
La intervención de Trump mostró con claridad el modelo internacional que pretende impulsar Washington: presión económica, superioridad militar, liderazgo tecnológico y negociaciones directas con aliados y adversarios.
Frente a esa estrategia, Naciones Unidas intenta defender un sistema multilateral sometido a una de sus mayores pruebas desde el fin de la Guerra Fría.
La Asamblea General recién comienza. El debate general se prolongará entre el 22 y el 26 de septiembre y concluirá el lunes 28. Durante los próximos días habrá además reuniones de alto nivel sobre cambio climático y transición justa, aumento del nivel del mar, preparación frente a futuras pandemias, lucha contra el racismo y eliminación de las armas nucleares.
Pero la jornada inaugural ya dejó definida buena parte de la discusión política que marcará la cita de Nueva York: mientras Naciones Unidas reclama cooperación para recuperar un orden internacional debilitado, la principal potencia mundial reivindica cada vez con mayor fuerza su capacidad para actuar fuera de los mecanismos tradicionales del multilateralismo.
La entrada Trump sacude la Asamblea General de la ONU: amenaza a Irán, promete terminar guerra en Ucrania y apuesta por dominio de la IA se publicó primero en El Periodista.

