
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sugirió cambiar el nombre del estado de Nuevo México por el de “Nueva América”, en una nueva iniciativa relacionada con la denominación de territorios y accidentes geográficos que ha impulsado durante su segundo mandato.
“Mucha gente sugirió cambiar el nombre de Nuevo México, uno de los estados con mayor fraude electoral de todos los tiempos, a Nueva América”, escribió Trump en sus redes sociales. A continuación calificó el nombre propuesto como “mucho más prestigioso y hermoso” para los habitantes del estado.
Horas antes, el mandatario había difundido una imagen con el mapa de Nuevo México en la que la palabra “México” aparecía tachada y reemplazada por “América”. La publicación fue posteriormente replicada por la Casa Blanca, aunque hasta ahora no existe un procedimiento oficial en marcha para modificar legalmente el nombre del estado.
La iniciativa enfrenta además un obstáculo institucional considerable, ya que Trump no tiene atribuciones presidenciales para cambiar unilateralmente el nombre de uno de los estados de la Unión.
Gobernadora rechaza la propuesta
La gobernadora demócrata de Nuevo México, Michelle Lujan Grisham, respondió que la denominación del estado “no está en discusión” y recordó que su origen histórico es anterior a la existencia de Estados Unidos.
“Ha sido nuestro desde antes de que existiera Estados Unidos”, señaló la autoridad estatal.
Lujan Grisham acusó además al presidente de intentar desviar la atención de otros asuntos que afectan a la población estadounidense, incluida la guerra en Irán y el alza del costo de vida.
“Mientras el presidente intenta distraer a los estadounidenses de su desastrosa guerra en Irán, los precios de la gasolina siguen disparándose”, afirmó.
La gobernadora agregó que los ciudadanos enfrentan mayores costos en supermercados, dificultades para acceder a servicios de salud y problemas para adquirir una vivienda.
“Mientras la Casa Blanca pierde el tiempo dibujando mapas, Nuevo México trabaja duramente”, sostuvo.
Una nueva ofensiva de Trump sobre los nombres geográficos
La propuesta sobre Nuevo México se suma a una serie de decisiones adoptadas por Trump desde que regresó a la Casa Blanca en enero de 2025.
Uno de sus primeros actos fue ordenar que el Gobierno federal estadounidense comenzara a utilizar la denominación “Golfo de América” para referirse al golfo de México. La modificación fue posteriormente incorporada para usuarios estadounidenses por algunas de las principales plataformas digitales de mapas.
Más recientemente, el 27 de agosto de 2026, Trump firmó una orden ejecutiva para que las instituciones federales estadounidenses denominaran “Lago América” al lago Ontario, compartido por Estados Unidos y Canadá.
La medida se produjo en medio de una fuerte disputa comercial entre Washington y Ottawa, marcada por nuevos aranceles y un deterioro de las relaciones entre ambos países.
El cambio ordenado por Trump tiene efectos únicamente dentro de la administración federal estadounidense y no modifica la denominación utilizada internacionalmente ni obliga a Canadá a abandonar el nombre lago Ontario.
Un nombre con más de cuatro siglos de historia
La controversia tiene también una dimensión histórica. La región actualmente conocida como Nuevo México comenzó a ser colonizada por España a fines del siglo XVI y Santa Fe fue establecida como capital provincial en 1610, más de un siglo y medio antes de la independencia estadounidense.
Tras la independencia de México en 1821, el territorio quedó bajo soberanía mexicana hasta que Estados Unidos inició su ocupación en 1846. El Tratado de Guadalupe Hidalgo de 1848 formalizó posteriormente su incorporación al territorio estadounidense.
Nuevo México permaneció durante décadas como territorio federal antes de convertirse oficialmente, el 6 de enero de 1912, en el 47º estado de Estados Unidos.
Su propio escudo estatal refleja esa historia: incluye un águila estadounidense y un águila mexicana, representación simbólica del tránsito de soberanía entre ambos países.
La eventual modificación de su nombre, por tanto, tendría implicancias políticas, jurídicas e históricas muy distintas a las órdenes presidenciales utilizadas por Trump para rebautizar accidentes geográficos.
La propuesta se conoce además mientras la administración estadounidense continúa enfrentando las consecuencias políticas y económicas de la guerra contra Irán, conflicto que mantiene elevada la tensión en Medio Oriente y que la oposición demócrata ha utilizado para cuestionar las prioridades de la Casa Blanca.
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