
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, afirmó este jueves que considera “muy improbable” que Rusia lance una invasión a gran escala contra un país miembro de la Alianza, aunque advirtió que Europa y Estados Unidos no pueden bajar la guardia ante el rápido crecimiento de la capacidad militar e industrial de Moscú.
Las declaraciones fueron realizadas durante una entrevista tras su participación en un acto conmemorativo en el Memorial y Museo del 11 de Septiembre, en Nueva York, en el marco de una visita a Estados Unidos que se extendió entre el 22 y el 24 de septiembre.
“Creo que los rusos han hecho cálculos y saben que la OTAN es suficientemente fuerte y no puede ser derrotada”, señaló Rutte, quien coincidió con una reciente evaluación de la inteligencia militar de Dinamarca respecto de la baja probabilidad de una invasión rusa de gran escala.
El jefe de la OTAN, sin embargo, pidió no interpretar esa evaluación como una señal para reducir los preparativos militares.
“No podemos pecar de ingenuos”, sostuvo, antes de advertir que Rusia está utilizando buena parte de su capacidad industrial para sostener su esfuerzo bélico y que los países occidentales todavía necesitan incrementar sustancialmente su producción militar.
Inteligencia danesa advierte de un riesgo creciente
Las palabras de Rutte coinciden con una nueva evaluación difundida este 24 de septiembre por el Servicio de Inteligencia de Defensa de Dinamarca.
El organismo considera que Rusia probablemente intensificará durante los próximos meses su denominada “guerra híbrida” contra la OTAN y los países occidentales.
La evaluación sostiene además que existe un riesgo “bajo, pero creciente” de que Moscú realice ataques militares limitados contra algún país miembro de la Alianza, incluso mientras continúa la guerra en Ucrania.
Aunque la inteligencia danesa sigue considerando improbable una invasión propiamente tal contra territorio de la OTAN, advierte que ese escenario ya no puede ser completamente descartado.
El análisis apunta especialmente a acciones calculadas para mantenerse por debajo del umbral que podría desencadenar una respuesta militar colectiva de los miembros de la Alianza.
Rutte apunta a Putin
Rutte también se refirió directamente al presidente ruso, Vladimir Putin, con quien mantuvo numerosas conversaciones durante su etapa como primer ministro de Países Bajos, especialmente antes de la anexión rusa de Crimea en 2014.
Según el secretario general, el mandatario ruso estaría enfrentando una situación cada vez más compleja por la evolución de la guerra en Ucrania.
“Me parece que está un poco a punto de entrar en pánico”, señaló Rutte, una apreciación personal que vinculó con las dificultades que, a su juicio, enfrenta Moscú para alcanzar sus objetivos.
El secretario general sostuvo que Rusia conoce la capacidad militar conjunta de los 32 miembros de la OTAN y sabe que una confrontación directa tendría características muy distintas a la actual guerra contra Ucrania.
“Putin sabe que somos más fuertes”, afirmó, agregando que en una eventual guerra directa la Alianza dispondría de capacidades militares que Kiev actualmente no posee.
Rutte reiteró además uno de los pilares fundamentales de la organización: la defensa de “cada centímetro” del territorio de los países miembros.
El vínculo con el Indo-Pacífico
El jefe de la OTAN también relacionó la seguridad europea con una eventual crisis militar en el Indo-Pacífico.
Según explicó, un conflicto de grandes dimensiones en esa región difícilmente quedaría limitado geográficamente y podría ser aprovechado por Rusia para incrementar simultáneamente la presión sobre territorio europeo.
Rutte utilizó este escenario para justificar el fortalecimiento de los vínculos políticos y militares de la OTAN con Corea del Sur, Japón, Australia y Nueva Zelanda.
La estrategia refleja una transformación más amplia de la Alianza, que durante los últimos años ha aumentado su atención sobre amenazas simultáneas en distintas regiones, además de reforzar sus capacidades frente a ciberataques, sabotajes y operaciones híbridas.
La OTAN acelera su rearme
Las advertencias se producen mientras los miembros de la OTAN desarrollan uno de los mayores aumentos del gasto militar desde el final de la Guerra Fría.
En la cumbre de La Haya de junio de 2025, los aliados acordaron avanzar hacia una inversión equivalente al 5% de su Producto Interno Bruto anual en defensa y seguridad para 2035.
El compromiso contempla destinar al menos un 3,5% del PIB a requerimientos militares esenciales y hasta un 1,5% adicional a infraestructura crítica, protección de redes, preparación civil, innovación y fortalecimiento de la industria de defensa.
Durante 2025, los aliados europeos y Canadá elevaron conjuntamente su gasto real en defensa cerca de un 20% respecto del año anterior. Posteriormente, la OTAN informó que las inversiones de esos países en requerimientos centrales de defensa habían aumentado en más de US$139.000 millones desde el compromiso adoptado en La Haya.
El objetivo no se limita a aumentar los presupuestos. La organización está impulsando una expansión de la producción de municiones, sistemas de defensa aérea y antimisiles, armamento de largo alcance, vehículos blindados y capacidades logísticas.
Entre sus metas se encuentra multiplicar las capacidades de defensa aérea y disponer de mayores reservas de municiones para sostener operaciones militares prolongadas.
Guerra híbrida y riesgo de escalada
Otro de los principales focos de preocupación es la denominada guerra híbrida, concepto que incluye ciberataques, sabotajes contra infraestructura crítica, operaciones de desinformación y otras acciones que pueden mantenerse por debajo del umbral de una guerra convencional.
Consultado sobre cuál sería la reacción de la Alianza ante este tipo de acciones, Rutte aseguró que “todas las respuestas están sobre la mesa” y que la organización utilizará los instrumentos que considere necesarios.
La posición refleja el dilema que enfrenta actualmente la OTAN: mantener una capacidad de disuasión suficientemente fuerte para impedir una agresión rusa sin transformar incidentes limitados o acciones híbridas en una confrontación militar directa entre potencias nucleares.
Mientras continúa la guerra en Ucrania y Rusia mantiene su economía orientada en buena medida hacia la producción militar, la estrategia aliada combina el fortalecimiento de sus fuerzas, la ampliación de su base industrial y la reafirmación del principio de defensa colectiva.
Para Rutte, precisamente esa capacidad constituye la principal razón por la cual una ofensiva rusa de gran escala contra territorio aliado continúa siendo un escenario improbable.
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