
La Iglesia Ortodoxa rusa trasladó hasta el frente de guerra en Ucrania fragmentos óseos atribuidos al príncipe Dimitri Donskói, una de las figuras militares y religiosas más veneradas de la historia rusa, con el propósito declarado de fortalecer espiritualmente y elevar la moral de las tropas que combaten en la región de Donetsk.
La reliquia corresponde a una parte de la mano derecha del príncipe medieval, cuyos restos fueron descubiertos recientemente durante trabajos de restauración en la Catedral del Arcángel, en el Kremlin de Moscú. La pieza fue llevada hasta el complejo memorial de Saur-Moguila, en territorio ucraniano ocupado por Rusia, donde se realizó una ceremonia religiosa y militar.
Dimitri Donskói, nacido en 1350 y fallecido en 1389, pasó a la historia por encabezar a los principados rusos en la batalla de Kulikovo, en 1380, donde sus fuerzas derrotaron al ejército de Mamai, comandante de la Horda de Oro. Aunque aquella victoria no terminó inmediatamente con la dominación mongola sobre los territorios rusos, adquirió con el tiempo un enorme peso simbólico como expresión de resistencia, unidad y afirmación nacional.
Canonizado por la Iglesia Ortodoxa rusa en 1988, Donskói es venerado además como protector de militares y miembros de las Fuerzas Armadas.
“Dimitri Donskói es un símbolo de unidad y victoria. Ahora está con nosotros: es nuestro estandarte en el frente”, afirmó Denís Pushilin, jefe de la administración instalada por Moscú en Donetsk.
Desde Lugansk, Leonid Pásechnik expresó a su vez su deseo de que las reliquias “protejan” a los soldados rusos que participan en los combates.
Religión y guerra
El traslado de los restos del príncipe no constituye un episodio aislado. Desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022, la Iglesia Ortodoxa rusa ha profundizado su respaldo político, religioso y simbólico a la estrategia del Kremlin.
El patriarca Kirill, máximo dirigente de la Iglesia rusa, ha defendido reiteradamente la actuación militar de Moscú y ha presentado el conflicto como parte de una lucha más amplia destinada a proteger los valores, la identidad y la civilización rusa.
En el frente también han participado sacerdotes castrenses, se han realizado ceremonias de bendición de soldados y armamentos y se han trasladado iconos y otras reliquias consideradas protectoras. En ocasiones anteriores incluso fueron llevados hasta zonas militares restos vinculados con Alejandro Nevski, otro de los grandes héroes medievales incorporados al relato histórico del Estado ruso.
La presencia de las reliquias de Donskói refuerza así una narrativa que conecta directamente la actual guerra en Ucrania con episodios de la historia rusa presentados como luchas existenciales contra amenazas extranjeras.
El propio Vladimir Putin visitó durante agosto los restos recién descubiertos del príncipe en Moscú, otorgando al hallazgo una dimensión política adicional. La reliquia fue posteriormente exhibida en el principal templo de las Fuerzas Armadas rusas antes de iniciar su recorrido hacia las unidades desplegadas en Ucrania.
Donetsk, en el centro del relato ruso
La ceremonia se realizó en Saur-Moguila, un memorial situado en Donetsk que posee fuerte carga simbólica tanto por los combates de la Segunda Guerra Mundial como por los enfrentamientos registrados desde 2014 entre fuerzas ucranianas y separatistas prorrusos.
Rusia reconoció en febrero de 2022 a las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk y, siete meses más tarde, anunció la anexión de ambas regiones junto con Jersón y Zaporiyia.
El 30 de septiembre de 2022 Putin formalizó la incorporación de esos territorios a la Federación Rusa después de referendos organizados bajo ocupación militar. La anexión no es reconocida internacionalmente: la Asamblea General de Naciones Unidas la condenó por 143 votos contra cinco y estableció que las consultas realizadas en las regiones ocupadas carecían de validez jurídica.
Pese a las proclamaciones de Moscú, Rusia no controla completamente las cuatro regiones que declaró incorporadas a su territorio, mientras los combates continúan especialmente en el este de Ucrania.
De Kulikovo al Donbás
La elección de Dimitri Donskói como símbolo tampoco resulta casual. En la construcción histórica impulsada durante los últimos años por el Kremlin, la batalla de Kulikovo representa uno de los momentos fundacionales de la consolidación del poder ruso y de la resistencia frente a un enemigo exterior.
El traslado al frente de la mano con la que simbólicamente el príncipe habría empuñado su espada busca proyectar esa misma imagen sobre los soldados actuales.
De esta manera, la guerra iniciada en 2022 aparece inserta dentro de un relato mucho más extenso: desde las invasiones mongolas y las guerras medievales hasta la Segunda Guerra Mundial y el actual enfrentamiento con Ucrania y Occidente.
La estrecha asociación entre el Kremlin y la Iglesia Ortodoxa se ha convertido así en uno de los componentes ideológicos más visibles del conflicto. La religión proporciona símbolos de sacrificio y protección, mientras el Estado los incorpora a un discurso de continuidad histórica y defensa de la nación.
Más de seis siglos después de la batalla de Kulikovo, los restos de Dimitri Donskói han terminado de esta forma convertidos en un nuevo instrumento simbólico de una guerra que Rusia no libra únicamente en los campos de batalla, sino también en el terreno de la memoria, la religión y la identidad nacional.
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