
Nueva York volvió a convertirse este martes 22 de septiembre en el centro de la diplomacia mundial. Cerca de 130 jefes de Estado y de Gobierno fueron convocados al inicio del debate general del 81° período de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, una cita que este año ocurre bajo una combinación especialmente compleja de guerras, tensiones entre las grandes potencias, crisis humanitarias, problemas económicos y una acelerada transformación tecnológica.
El encuentro se desarrolla bajo el lema “Restaurar la confianza, gestionar la transformación: unas Naciones Unidas que cumplan para todos”, una definición que refleja uno de los principales problemas que atraviesa actualmente la organización: cómo conservar influencia y legitimidad en un escenario internacional en que las principales potencias recurren cada vez con mayor frecuencia a decisiones unilaterales o a negociaciones desarrolladas fuera del sistema multilateral.
El debate general se extenderá hasta el sábado 26 de septiembre y concluirá el lunes 28. Los 193 Estados miembros tienen la posibilidad de intervenir ante una Asamblea en la que cada país dispone formalmente de un voto, independientemente de su tamaño, población o poder económico.
Pero la jornada inaugural dejó desde sus primeras horas una señal inequívoca: la discusión de 2026 no gira únicamente en torno a las guerras en curso. Lo que está en debate es también la capacidad del sistema internacional creado después de la Segunda Guerra Mundial para administrar un mundo que ya no se parece al de 1945.
Guterres y su último discurso ante la Asamblea
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, protagonizó uno de los momentos centrales de la apertura.
Fue una intervención especialmente significativa porque se trató de su último discurso ante el debate general como máximo responsable de Naciones Unidas. Su segundo mandato termina el próximo 31 de diciembre, cerrando una década al frente de la organización.
Guterres presentó un diagnóstico severo del escenario internacional. Las divisiones entre los países, sostuvo, se han profundizado mientras los derechos humanos y el derecho internacional enfrentan crecientes desafíos.
Su mensaje tuvo un eje transversal: el poder internacional está cambiando, pero las instituciones encargadas de regularlo no se han transformado con la misma velocidad.
El secretario general advirtió que los mecanismos de acción colectiva están sometidos a una presión creciente y sostuvo que buena parte de las instituciones internacionales continúa reflejando relaciones de poder pertenecientes a una época que ya pasó.
La observación apunta directamente a uno de los debates estructurales de Naciones Unidas: la composición y funcionamiento del Consejo de Seguridad, donde Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido conservan el derecho a veto.
“Los combates deben terminar”
Guterres dedicó una parte importante de su intervención a las guerras.
En Medio Oriente llamó a una desescalada inmediata y al regreso de la diplomacia y el diálogo. Reclamó el fin de los combates, la circulación de ayuda humanitaria y el restablecimiento de la libertad de navegación conforme al derecho internacional, en momentos en que las tensiones regionales han afectado tanto el mar Rojo como el estrecho de Ormuz.
También volvió a defender la solución de dos Estados como salida al conflicto entre israelíes y palestinos.
La posición adquiere especial relevancia debido a que la guerra y sus ramificaciones regionales se han convertido en uno de los principales asuntos de esta Asamblea, junto con Ucrania y la confrontación con Irán.
Guterres ha insistido además en que cualquier proceso político debe garantizar asistencia humanitaria a Gaza y frenar las acciones que puedan hacer inviable territorialmente la creación de un Estado palestino.
Respecto de Ucrania, recordó que la invasión rusa a gran escala se encuentra ya en su quinto año y pidió un alto el fuego como primer paso hacia una paz duradera compatible con la Carta de Naciones Unidas y el derecho internacional.
La inteligencia artificial entra al centro de la agenda mundial
Uno de los aspectos más novedosos del discurso de Guterres fue el espacio concedido a la inteligencia artificial.
El secretario general sostuvo que los países que lideran esta revolución tecnológica deben compartir información sobre riesgos emergentes, cooperar en pruebas y evaluaciones y desarrollar mecanismos comunes de protección.
Propuso avanzar hacia un marco multilateral de gestión de riesgos de la inteligencia artificial acompañado por mecanismos de supervisión independientes.
Su advertencia fue particularmente gráfica al abordar el eventual desarrollo de sistemas de armas autónomas: “Los robots asesinos no tienen lugar en nuestro futuro”, señaló durante su intervención.
La preocupación refleja un cambio importante en la agenda de Naciones Unidas. La inteligencia artificial dejó de ser considerada exclusivamente un asunto tecnológico y comenzó a ser tratada como una cuestión de seguridad internacional, desarrollo, derechos humanos y distribución del poder.
Lula: “La credibilidad de la ONU nunca estuvo tan baja”
Tras Guterres llegó uno de los discursos más críticos de la mañana.
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, encargado nuevamente de abrir las intervenciones nacionales siguiendo la tradición de la Asamblea General, afirmó que Naciones Unidas atraviesa uno de los momentos más difíciles de su historia.
“Este es el momento más crítico de las Naciones Unidas” desde que habló por primera vez ante la Asamblea en 2003, afirmó.
Lula aseguró que la organización está fallando en una de sus misiones fundamentales —evitar el flagelo de la guerra— y sostuvo que su credibilidad se encuentra en mínimos históricos. Responsabilizó particularmente a la parálisis del Consejo de Seguridad y cuestionó el poder de veto que mantienen sus cinco integrantes permanentes.
El mandatario brasileño recordó que 2025 registró el mayor número de conflictos armados desde la Segunda Guerra Mundial y alertó sobre una nueva carrera armamentista financiada con billones de dólares.
Su planteamiento fue que la guerra representa, antes que una prolongación de la política, el fracaso de la política.
Gaza, Hamás e Israel
Lula utilizó términos especialmente duros al abordar Gaza.
El presidente brasileño calificó de “genocidio” las acciones del gobierno de Benjamin Netanyahu contra la población palestina, una caracterización política y jurídica que Israel rechaza, mientras los procedimientos internacionales sobre la materia continúan siendo objeto de disputa.
Al mismo tiempo, Lula condenó expresamente los ataques terroristas de Hamás contra civiles israelíes y afirmó que tanto palestinos como israelíes han sufrido las consecuencias del radicalismo y la intolerancia.
También cuestionó las acciones contra la Corte Penal Internacional y defendió la solución de dos Estados.
Respecto del conflicto entre Rusia y Ucrania, sostuvo que no habrá vencedores en el campo de batalla y que la diplomacia constituye la única salida viable. Destacó en ese contexto el denominado Grupo de Amigos de la Paz promovido por Brasil y China.
Lula reivindica la autonomía latinoamericana
El mandatario brasileño dedicó asimismo una parte relevante de su discurso a América Latina.
Defendió el principio de soberanía y rechazó la posibilidad de que la región vuelva a ser considerada una zona de influencia de las grandes potencias.
“El Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”, afirmó.
Lula defendió el derecho de Venezuela a definir su propio destino, cuestionó las restricciones políticas impuestas a la oposición en Nicaragua, llamó la atención sobre la prolongada crisis haitiana y criticó el embargo económico contra Cuba.
También abordó el crimen organizado, sosteniendo que los países latinoamericanos necesitan cooperación internacional para combatir el flujo de armas y el lavado de dinero, pero rechazando que ello implique delegar la responsabilidad sobre las fronteras o la seguridad nacional.
Trump reivindica el poder estadounidense
El tercer gran protagonista de la apertura fue el presidente estadounidense, Donald Trump.
Trump llegó al podio con una visión considerablemente diferente a la presentada minutos antes por Guterres y Lula.
“Mientras otros hablaban de paz, yo la he hecho realidad. Mientras otros ignoraban las amenazas, yo las enfrenté”, afirmó al comenzar su intervención, presentando a Estados Unidos como una potencia que, bajo su administración, habría recuperado capacidad de iniciativa internacional.
La Casa Blanca había anticipado que uno de los principales objetivos del discurso sería defender la actuación estadounidense frente a Irán y sostener que la guerra impidió que Teherán desarrollara un arma nuclear.
El conflicto iraní se ha transformado en uno de los asuntos centrales de la política internacional de 2026, no solamente por sus consecuencias militares, sino también por sus efectos sobre el precio de la energía, el transporte marítimo y la seguridad del estrecho de Ormuz.
Trump también llegó a Nueva York dispuesto a reivindicar sus gestiones diplomáticas en distintos conflictos y a cuestionar nuevamente la eficacia de Naciones Unidas y de otras instituciones multilaterales cuando, a juicio de Washington, interfieren con la soberanía estadounidense.
Una intensa agenda diplomática
El discurso ante la Asamblea es solamente una parte de la actividad política que rodea la reunión.
Trump tenía programados para este martes encuentros bilaterales o multilaterales con al menos once dirigentes y representantes extranjeros, entre ellos el presidente ucraniano Volodimir Zelenski, la líder interina venezolana Delcy Rodríguez, la primera ministra danesa Mette Frederiksen y el primer ministro groenlandés Jens-Frederik Nielsen.
También estaban previstos contactos con representantes de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Bahréin, Kuwait y Qatar.
El encuentro con Zelenski aparece particularmente relevante debido a los esfuerzos por alcanzar una tregua en los ataques contra infraestructura energética de Rusia y Ucrania.
La multiplicación de reuniones paralelas demuestra una paradoja recurrente de las asambleas generales: incluso cuando los gobiernos cuestionan la eficacia de Naciones Unidas, siguen utilizando la semana de Nueva York como el mayor espacio mundial para realizar diplomacia bilateral.
Una ONU que discute su propia supervivencia política
La importancia de la Asamblea de 2026 trasciende los discursos pronunciados desde el podio.
La organización enfrenta simultáneamente una crisis financiera, cuestionamientos sobre su eficacia, la parálisis recurrente del Consejo de Seguridad y una creciente tendencia de las grandes potencias a actuar fuera de los mecanismos multilaterales.
A ello se agrega el cambio de liderazgo que se producirá a fines de año con la salida de Guterres.
La discusión sobre quién encabezará Naciones Unidas durante los próximos años coincide así con una pregunta mucho mayor: qué capacidad tendrá la ONU para intervenir en un sistema internacional cada vez más fragmentado.
Las guerras de Ucrania y Medio Oriente, las tensiones sobre Irán, la situación de Gaza, el cambio climático, las migraciones, la desigualdad económica, la inteligencia artificial y la competencia entre Estados Unidos y China convergen en una misma cuestión: si las reglas internacionales pueden continuar siendo aceptadas cuando las principales potencias consideran que esas normas limitan sus intereses.
Dos visiones del orden internacional
Las primeras intervenciones de este martes dejaron especialmente clara esa tensión.
Guterres defendió un sistema basado en reglas, cooperación y reforma institucional.
Lula reclamó fortalecer el multilateralismo, pero sostuvo que para conseguirlo es indispensable modificar una estructura de poder internacional que considera anacrónica.
Trump, en cambio, presentó el liderazgo y la capacidad de acción estadounidense como elementos centrales para enfrentar las amenazas globales y reivindicó los resultados obtenidos mediante una política exterior mucho más orientada al poder nacional.
No son diferencias exclusivamente retóricas.
Representan concepciones distintas acerca de cómo debe funcionar el sistema internacional.
El dilema de Naciones Unidas
La 81ª Asamblea General se desarrolla precisamente cuando Naciones Unidas necesita demostrar que todavía puede transformar declaraciones en decisiones.
Su presidente, Khalilur Rahman, de Bangladesh, asumió el período con la idea de que la confianza no puede simplemente reclamarse: debe obtenerse mediante resultados concretos. Su lema para esta sesión —restaurar la confianza y gestionar la transformación— sintetiza el desafío.
La Asamblea General conserva una característica que ningún otro foro internacional posee: reúne en condiciones formales de igualdad a los 193 Estados miembros. Pero las decisiones vinculadas directamente a la paz y seguridad internacionales continúan dependiendo en buena medida del Consejo de Seguridad, donde las diferencias entre las potencias han bloqueado numerosas iniciativas.
Por eso, detrás de los discursos de este martes existe una discusión todavía más profunda.
La pregunta ya no es solamente qué hará Naciones Unidas frente a Gaza, Irán, Ucrania, el cambio climático o la inteligencia artificial.
La interrogante que recorre los pasillos de Nueva York es si una institución diseñada hace más de ocho décadas puede reformarse con suficiente rapidez para seguir siendo el principal espacio de negociación política mundial.
Guterres utilizó su última intervención ante la Asamblea para defender precisamente esa posibilidad.
Cuando deje el cargo el próximo 1 de enero, aseguró, continuará defendiendo la convicción de que la paz es posible y los principios establecidos en la Carta de Naciones Unidas.
Su despedida terminó convirtiéndose así en una síntesis de la jornada inaugural: mientras las potencias exhiben sus diferencias y las guerras multiplican las fracturas internacionales, Naciones Unidas intenta demostrar que todavía existe espacio para la negociación colectiva.
La Asamblea recién comienza. Pero el mensaje de su primera mañana fue claro: la discusión de 2026 no trata únicamente de cómo terminar las guerras actuales, sino de quién establecerá las reglas del mundo que emerja después de ellas.
La entrada ONU 2026: Guterres, Lula y Trump abren una Asamblea marcada por las guerras y la crisis del orden mundial se publicó primero en El Periodista.

