
Autoridades mexicanas detuvieron en Mazatlán a Jesús Antonio “N”, alias “El Peli”, señalado como uno de los operadores relevantes de Los Chapitos, facción del Cártel de Sinaloa vinculada a los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán.
La captura se produjo durante un operativo conjunto de fuerzas federales en el que fueron arrestadas otras tres personas. De acuerdo con los antecedentes entregados por el Gobierno mexicano, “El Peli” era considerado un generador de violencia y trabajaba bajo la estructura de Genaro Aarón “N”, conocido como “El 21” o “El Chamaco”.
Las autoridades atribuyen al detenido funciones que iban más allá de la operación armada. Presuntamente coordinaba la logística y el abastecimiento de la organización, además de administrar recursos económicos provenientes de la venta de drogas y participar en privaciones ilegales de libertad.
La operación involucró a efectivos de Defensa, Marina, Seguridad federal, Fiscalía y organismos de inteligencia, en el marco del reforzamiento de la presencia estatal en Mazatlán.
La estructura de Los Chapitos
“El Peli” estaría vinculado directamente a Genaro Aarón Pérez Avendaño, identificado también como “El 21” o “El Chamaco”, a quien las autoridades sitúan dentro de la estructura de Los Chapitos en el sur de Sinaloa.
La facción está asociada a los hijos de Joaquín Guzmán Loera y mantiene desde 2024 una violenta disputa con el sector históricamente ligado a Ismael “El Mayo” Zambada por el control territorial y de las operaciones del Cártel de Sinaloa.
El conflicto se profundizó después de la captura de Zambada en Estados Unidos en julio de 2024. Las circunstancias de su traslado generaron acusaciones de traición dentro de la propia organización y aceleraron la ruptura entre ambas facciones.
Desde entonces, la disputa se ha extendido desde Culiacán hacia otras zonas del estado, incluido el puerto de Mazatlán.
Más de 3.000 asesinatos en dos años
La dimensión de la crisis quedó nuevamente en evidencia al cumplirse dos años del inicio de la confrontación. Datos de la Fiscalía estatal difundidos este mes contabilizan 3.181 asesinatos en 24 meses, mientras recuentos periodísticos elevan el número por encima de los 3.800. También se han registrado más de 4.000 personas privadas de libertad o desaparecidas en el contexto de la violencia.
La confrontación ha modificado además el mapa de la inseguridad. Los episodios inicialmente concentrados en Culiacán se han desplazado hacia municipios del sur y zonas rurales, mientras el Gobierno federal intenta contener a las distintas células mediante despliegues militares y operaciones de inteligencia.
En septiembre, el Ejecutivo mexicano reforzó especialmente Mazatlán. El despliegue anunciado incluyó 3.400 efectivos adicionales, entre militares y personal de seguridad y Marina, en respuesta al deterioro de las condiciones de seguridad en el puerto y otras áreas del estado.
Presión sobre las redes logísticas
La captura de “El Peli” apunta precisamente a una de las áreas que las autoridades buscan debilitar: la infraestructura financiera y logística que permite a las células criminales mantener sus operaciones.
Según los antecedentes conocidos tras su detención, el sospechoso administraba recursos procedentes del narcotráfico, coordinaba abastecimiento y habría participado en secuestros. La investigación deberá establecer ahora su responsabilidad individual en los delitos que se le atribuyen.
El caso se produce en momentos en que la presión sobre el Cártel de Sinaloa continúa tanto en México como en Estados Unidos. Joaquín “El Chapo” Guzmán permanece encarcelado en ese país, mientras “El Mayo” Zambada fue condenado en Nueva York a cadena perpetua tras declararse culpable de cargos vinculados al narcotráfico.
Pese a las capturas de dirigentes y operadores y al amplio despliegue de fuerzas federales, la organización ha demostrado capacidad para mantener sus redes. Un informe divulgado en julio advirtió que la guerra entre las facciones no había detenido el tráfico de fentanilo hacia Estados Unidos y que la violencia se estaba desplazando hacia áreas rurales de Sinaloa.
La detención de “El Peli” se suma así a la estrategia del Gobierno mexicano de atacar no solo a los jefes visibles de las organizaciones criminales, sino también a los operadores encargados de sostener sus finanzas, logística y control territorial, mientras Sinaloa continúa enfrentando las consecuencias de una de las fracturas más violentas de la historia reciente del narcotráfico mexicano.
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