
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, lanzó este martes una dura advertencia sobre la capacidad de Naciones Unidas para responder a las guerras y crisis internacionales, al sostener que el organismo atraviesa uno de sus momentos de menor credibilidad y reclamar una recuperación del multilateralismo como instrumento para resolver los grandes conflictos mundiales.
Durante su intervención en el debate general del 81º período de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, en Nueva York, Lula afirmó que la organización está fallando en uno de los propósitos fundamentales para los que fue creada: impedir que la humanidad vuelva a quedar sometida a la guerra.
«La ONU está fallando en una de sus principales misiones, la de librar a la humanidad del flagelo de la guerra. Su credibilidad nunca estuvo tan baja, su capacidad para proteger a los más vulnerables nunca fue tan pequeña», afirmó.
El discurso del mandatario brasileño tuvo como eje la necesidad de reformar la gobernanza internacional, fortalecer el sistema multilateral y limitar la capacidad de las grandes potencias para bloquear decisiones mediante el derecho a veto en el Consejo de Seguridad.
«Somos todos rehenes del inmovilismo de un Consejo de Seguridad que no cumple con su papel», sostuvo Lula, quien cuestionó además el aumento del gasto militar en momentos en que distintos conflictos regionales amenazan con adquirir dimensiones globales.
El planteamiento se produce precisamente cuando la propia ONU ha situado la recuperación de la confianza en el centro de su 81º período de sesiones. El debate general se desarrolla entre el 22 y el 28 de septiembre y reúne a cerca de 130 jefes de Estado y de Gobierno en Nueva York.
Críticas al Consejo de Seguridad
Lula volvió a insistir en una de las posiciones históricas de la diplomacia brasileña: la necesidad de reformar el Consejo de Seguridad para adecuarlo al equilibrio político, económico y demográfico del siglo XXI.
El mandatario cuestionó particularmente el poder de veto de sus cinco miembros permanentes —Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido— y sostuvo que ese mecanismo ha permitido que las grandes potencias paralicen decisiones precisamente cuando sus propios intereses están involucrados.
Según Lula, ese «vicio» otorgó a las grandes potencias «el privilegio de la insensatez».
Brasil lleva décadas defendiendo una ampliación del Consejo de Seguridad y aspira a ocupar un eventual asiento permanente en una futura reforma del organismo. El debate ha cobrado nueva fuerza a raíz de las dificultades de Naciones Unidas para alcanzar consensos frente a las guerras de los últimos años.
Lula vinculó esta parálisis institucional con el crecimiento del gasto militar mundial y cuestionó que se destinen miles de millones de dólares a una nueva carrera armamentística mientras persisten la pobreza, la desigualdad, las emergencias climáticas y las crisis humanitarias.
«La guerra no es la continuación de la política», señaló, sino «el fracaso» de ella.
Gaza, Israel y la crisis en Medio Oriente
Uno de los pasajes más duros de su intervención estuvo dedicado a Medio Oriente.
Lula volvió a emplear el término «genocidio» para describir las acciones del Gobierno del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, contra la población palestina, una caracterización sostenida por Brasil pero disputada por Israel.
El presidente brasileño también criticó las presiones y sanciones contra el Tribunal Penal Internacional y sus integrantes, al considerar que debilitar las instituciones encargadas de investigar eventuales crímenes internacionales favorece la impunidad.
La posición de Brasil respecto de Gaza ha provocado fuertes tensiones diplomáticas con Israel durante los últimos años. Lula ha reclamado reiteradamente un alto el fuego, el ingreso de ayuda humanitaria y una solución política basada en la existencia de dos Estados.
La situación en Medio Oriente ocupa un espacio central en la Asamblea General de este año, en medio de una escalada regional que ha trascendido ampliamente la Franja de Gaza y que mantiene bajo presión al sistema multilateral.
Ucrania: «La diplomacia es la única opción»
Lula también dedicó parte de su discurso a la guerra entre Rusia y Ucrania, insistiendo en que una solución militar difícilmente permitirá poner término al conflicto.
«Todos sabemos que no habrá vencedores en el campo de batalla. La diplomacia es la única opción», manifestó.
Brasil ha intentado durante los últimos años posicionarse como un interlocutor favorable a una negociación política, aunque sus propuestas han recibido cuestionamientos tanto de Kiev como de algunos gobiernos occidentales, que sostienen que cualquier acuerdo debe respetar la soberanía y la integridad territorial ucraniana.
La discusión diplomática vuelve a adquirir relevancia durante esta Asamblea General ante los nuevos esfuerzos para alcanzar fórmulas que reduzcan las hostilidades, entre ellas iniciativas destinadas a limitar los ataques contra infraestructura energética.
«Brasil no es el patio de atrás de nadie»
La política latinoamericana ocupó otro segmento relevante del discurso.
Lula reivindicó la autonomía estratégica de Brasil frente a Estados Unidos y sostuvo que las relaciones hemisféricas deben desarrollarse entre países soberanos y en condiciones de igualdad.
«Brasil no es el patio de atrás de nadie», afirmó.
El mandatario señaló que las diferencias ideológicas no deberían impedir una mayor integración latinoamericana y advirtió sobre los riesgos que, a su juicio, representan para las democracias la interferencia de potencias extranjeras y la utilización de medidas económicas y arancelarias como instrumentos de presión.
Su planteamiento se inserta en una política exterior brasileña que busca mantener relaciones simultáneas con Estados Unidos, China, la Unión Europea, Rusia y los países del denominado Sur Global, evitando un alineamiento automático con alguno de esos bloques.
Venezuela y Nicaragua
Lula también abordó dos de los asuntos más sensibles de la política latinoamericana: Venezuela y Nicaragua.
Respecto de Venezuela, sostuvo que corresponde a sus ciudadanos definir el futuro político del país.
«El pueblo venezolano tiene que decidir su propio destino», afirmó, vinculando esa posición con la necesidad de avanzar hacia mecanismos electorales que permitan resolver las diferencias políticas internas.
Las declaraciones se producen en un escenario regional profundamente alterado después de la captura de Nicolás Maduro en enero y de la posterior reorganización del poder político venezolano.
Brasil ha intentado mantener una posición de defensa de la soberanía venezolana y, al mismo tiempo, reclamar mecanismos democráticos que permitan a sus ciudadanos determinar el rumbo institucional del país.
El presidente brasileño también cuestionó al Gobierno de Nicaragua encabezado por Daniel Ortega y Rosario Murillo por la persecución contra sectores opositores.
La referencia resulta significativa debido a la histórica relación de Lula y el Partido de los Trabajadores con gobiernos y movimientos de izquierda latinoamericanos. En los últimos años, sin embargo, Brasilia ha aumentado sus cuestionamientos a Managua por la situación de opositores y críticos del Gobierno.
Democracia, inteligencia artificial y cambio climático
Lula amplió su discurso hacia otros desafíos que, según sostuvo, requieren respuestas internacionales coordinadas.
Entre ellos mencionó el crimen organizado transnacional, la desinformación y el uso de nuevas tecnologías, particularmente la inteligencia artificial.
El mandatario planteó que el desarrollo tecnológico no puede quedar exclusivamente sometido a intereses privados o a las decisiones de un reducido grupo de países y empresas, sino que requiere reglas internacionales capaces de proteger derechos y reducir desigualdades.
También volvió a situar el cambio climático entre las grandes amenazas globales y cuestionó a quienes niegan sus consecuencias, advirtiendo que sus efectos recaerán con mayor fuerza sobre las poblaciones más vulnerables.
El asunto tendrá especial importancia durante la semana de alto nivel de Naciones Unidas, que contempla reuniones dedicadas a acción climática, aumento del nivel del mar, prevención de pandemias, desarrollo y gobernanza internacional.
Una ONU obligada a recuperar confianza
La intervención de Lula coincidió con el diagnóstico que la propia conducción de la Asamblea General ha colocado en el centro de la reunión de este año.
El lema del 81º período de sesiones es «Restaurar la confianza, gestionar la transformación: unas Naciones Unidas que cumplan para todos», reflejo de la preocupación existente por la capacidad de la institución para responder a guerras, rivalidades entre grandes potencias, crisis humanitarias, cambio climático y transformaciones tecnológicas.
La Asamblea General reúne a los 193 Estados miembros de Naciones Unidas, cada uno con un voto, pero las decisiones vinculantes en materia de paz y seguridad internacional continúan concentradas principalmente en el Consejo de Seguridad.
Es precisamente esa arquitectura la que Lula pretende modificar.
Para el presidente brasileño, el mundo se enfrenta a una disyuntiva que supera los conflictos individuales de Ucrania, Medio Oriente o América Latina.
«Estamos llamados a elegir entre multilateralismo o unilateralismo, entre democracia o extremismo, soberanía o subordinación», sostuvo.
Con ese planteamiento, Lula volvió a presentar a Brasil como defensor de una arquitectura internacional más representativa del Sur Global y aprovechó la principal tribuna diplomática mundial para insistir en una idea que ha marcado su política exterior: frente a un escenario internacional cada vez más fragmentado, las soluciones negociadas y multilaterales deben recuperar espacio frente al uso de la fuerza y la política de bloques.
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