
El ex primer ministro israelí Yair Lapid reivindicó este viernes 30 de octubre una victoria del bloque opositor en las elecciones legislativas celebradas el martes, aunque reconoció que la fragmentación del Parlamento dificultará la formación de un nuevo Gobierno y obligará a desarrollar complejas negociaciones entre las distintas fuerzas políticas.
Lapid, actual número dos de la coalición B’Yachad (Juntos), sostuvo que el primer ministro Benjamin Netanyahu carece de los apoyos necesarios para reunir una mayoría en la Knesset, el Parlamento israelí, integrado por 120 diputados.
«Hemos ganado. No ha sido por fuera de combate, ha sido a los puntos, pero a los puntos también cuenta. Una victoria es una victoria», afirmó el dirigente opositor en un mensaje difundido en redes sociales.
El exmandatario reconoció que esperaba un resultado más contundente, pero destacó la elevada participación electoral, que alcanzó el 77,7%, la cifra más alta desde 1999.
«Yo también quería una victoria clara e inmediata, pero no es lo que obtuvimos», señaló, antes de destacar que los ciudadanos acudieron masivamente a las urnas.
Netanyahu enfrenta un Parlamento fragmentado
De acuerdo con los resultados comunicados tras los comicios, el Likud de Netanyahu obtuvo 27 escaños, convirtiéndose en la primera fuerza política del país, mientras que Yashar, encabezado por el exjefe militar Gadi Eisenkot, consiguió 21 representantes.
Sin embargo, el bloque asociado al actual primer ministro alcanzó 53 diputados, ocho menos de los 61 necesarios para controlar la mayoría absoluta del Parlamento.
Lapid calificó ese resultado como un retroceso significativo para Netanyahu y aseguró que el mandatario no dispone de una fórmula viable para constituir un nuevo Ejecutivo.
Pese a esas declaraciones, el reparto parlamentario tampoco garantiza que las fuerzas opositoras puedan alcanzar un acuerdo de Gobierno, debido a sus diferencias ideológicas y políticas.
La eventual participación de los partidos árabes y la posibilidad de acuerdos entre formaciones de derecha contrarias a Netanyahu aparecen entre los principales asuntos que deberán resolverse durante las negociaciones.
La oposición inicia contactos
Lapid confirmó que ya existen conversaciones entre los sectores contrarios al actual primer ministro, aunque advirtió que las negociaciones requieren discreción y tiempo.
«Ahora arranca la parte verdaderamente difícil: intentar formar Gobierno. Será complicado. No tengo garantías», reconoció.
El dirigente explicó que las conversaciones para constituir una coalición son muy diferentes de una campaña electoral, porque implican acuerdos sobre programas, responsabilidades ministeriales y compromisos parlamentarios.
También pidió paciencia a los ciudadanos que esperan un cambio de Gobierno, asegurando que existen gestiones políticas que todavía no pueden hacerse públicas.
«Están ocurriendo cosas detrás del silencio que se escucha», afirmó.
Los partidos árabes pueden resultar decisivos
El escenario postelectoral vuelve a situar a las formaciones árabes en el centro de las negociaciones políticas israelíes.
Su representación parlamentaria podría resultar determinante para alcanzar una mayoría alternativa, aunque las diferencias entre las agrupaciones opositoras complican la posibilidad de establecer una alianza estable.
El debate sobre la incorporación de partidos árabes a una eventual coalición también refleja las divisiones existentes en Israel respecto de la identidad del Estado, las relaciones entre ciudadanos judíos y árabes y el futuro del conflicto palestino-israelí.
Las tensiones políticas se desarrollan, además, en un contexto regional marcado por las consecuencias de la guerra en Gaza y la inestabilidad en Medio Oriente, asuntos que continúan condicionando las posiciones de las principales fuerzas parlamentarias.
El sistema político israelí exige que cualquier candidato a primer ministro consiga reunir los apoyos suficientes para formar un Gobierno capaz de obtener la confianza parlamentaria.
En caso de que ningún dirigente consiga construir una coalición viable dentro de los plazos establecidos, el país podría enfrentar una nueva etapa de bloqueo institucional.
Por ahora, el resultado electoral ha dejado abierta la disputa por el poder: Netanyahu conserva al Likud como principal partido de la Knesset, mientras sus adversarios buscan transformar la distribución de escaños en una alternativa de Gobierno.
Las cifras que explican el bloqueo
El recuento completado este viernes establece una distribución de 53 escaños para los partidos que respaldan a Netanyahu, 48 para la oposición encabezada por Eisenkot y 19 para las dos principales listas árabes. Estas últimas corresponden a la Lista Conjunta, con 11 diputados, y Raam, con ocho.
Aunque las fuerzas contrarias a Netanyahu suman matemáticamente 67 representantes si se incluyen los partidos árabes, esa mayoría no constituye todavía una coalición política. Yashar, B’Yachad e Israel Beitenu han descartado integrar un Ejecutivo junto a esas formaciones.
En paralelo, el dirigente de Los Demócratas, Yair Golan, ha defendido la cooperación con los partidos árabes y mantuvo contactos con Mansur Abás, líder de Raam, para explorar alternativas de gobernabilidad.
El siguiente paso institucional corresponderá al presidente Isaac Herzog, quien deberá consultar a las fuerzas parlamentarias y encargar la formación de Gobierno al dirigente que considere en mejores condiciones de reunir los apoyos necesarios.
La nueva Knesset tiene previsto constituirse el 10 de noviembre. Hasta entonces, las conversaciones entre partidos serán determinantes para establecer si es posible alcanzar un acuerdo parlamentario o si Israel deberá enfrentar otra elección.
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