
Irán formalizó ante Estados Unidos sus condiciones para reabrir el estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores energéticos del planeta y convertido en uno de los puntos más sensibles del conflicto que desde febrero enfrenta a Teherán con Washington e Israel.
El ministro iraní de Exteriores, Abbas Araghchi, transmitió este martes al enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff, las exigencias de Teherán durante un encuentro celebrado en Nueva York, coincidiendo con la 81ª Asamblea General de Naciones Unidas.
Entre las condiciones planteadas por Irán figuran el levantamiento inmediato del bloqueo naval estadounidense sobre sus puertos, la liberación de los activos iraníes congelados en el extranjero y el término de las hostilidades en los distintos frentes de Medio Oriente vinculados a los aliados de Teherán.
El encuentro entre Araghchi y Witkoff constituye una señal de contacto directo entre ambas administraciones en momentos en que las dos partes han comenzado a mostrar públicamente cierta disposición a explorar una salida diplomática.
Teherán ofrece abrir Ormuz en siete días
La propuesta iraní contempla la posibilidad de restablecer el tránsito por el estrecho de Ormuz en un plazo de siete días si Washington comienza a reducir la presión militar y levanta el bloqueo sobre los puertos de Irán.
Durante esta misma jornada trascendió que el planteamiento había sido transmitido previamente a Estados Unidos mediante intermediarios y que la delegación iraní desplazada a Nueva York cuenta con facultades para avanzar en conversaciones destinadas a poner fin de manera permanente a las hostilidades.
Teherán también exige que Washington manifieste formalmente su voluntad de resolver el conflicto por la vía diplomática y que ambas partes acuerden un calendario para eventuales negociaciones.
La importancia de Ormuz trasciende ampliamente el enfrentamiento entre Irán y Estados Unidos. El estrecho conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y constituye una ruta fundamental para las exportaciones de petróleo y gas de varios países de Medio Oriente. Las restricciones a la navegación durante el conflicto han presionado los precios internacionales de la energía y obligado a los productores de la región a buscar vías alternativas para sus exportaciones.
Una negociación en plena Asamblea General
El movimiento iraní coincide con la presencia en Nueva York de los principales líderes mundiales para la Asamblea General de la ONU y con nuevas señales provenientes de Washington sobre una eventual negociación.
El presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó este martes que mantuvo una reunión de tres horas con representantes iraníes y calificó el encuentro como “muy bueno”, aunque mantuvo un discurso de fuerte presión sobre Teherán. Durante su intervención ante Naciones Unidas, Trump llamó a incrementar el aislamiento económico de Irán, al mismo tiempo que dejó abierta la posibilidad de alcanzar un acuerdo.
El secretario de Estado, Marco Rubio, también había señalado que Washington estaba dispuesto a mantener conversaciones con representantes iraníes si estas podían conducir a resultados concretos.
El escenario refleja la doble estrategia que están desarrollando ambas partes: mantener la presión militar y económica mientras exploran canales diplomáticos para contener una confrontación que lleva cerca de siete meses y que ha tenido consecuencias directas sobre los mercados energéticos y la seguridad de Medio Oriente.
Una guerra iniciada en febrero
El actual conflicto escaló el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva conjunta contra objetivos en territorio iraní. Teherán respondió atacando instalaciones y bases estadounidenses en Medio Oriente, dando inicio a una confrontación que posteriormente se extendió a las rutas marítimas y a otros escenarios regionales.
A mediados de junio, Washington y Teherán alcanzaron un memorando destinado a detener las hostilidades. Sin embargo, el entendimiento no logró consolidarse y poco después se registraron nuevos ataques.
Desde entonces, el enfrentamiento ha atravesado períodos de menor intensidad seguidos de nuevas escaladas militares.
En los últimos días, las Fuerzas Armadas iraníes también advirtieron que habían recibido información sobre preparativos estadounidenses para reanudar operaciones militares con respaldo de países de la región. Teherán sostuvo que una nueva ofensiva tendría una respuesta sin las restricciones aplicadas en etapas anteriores.
Petróleo y presión sobre Washington
La situación de Ormuz se ha transformado en uno de los principales instrumentos de negociación iraníes. La interrupción o reducción del tránsito marítimo afecta directamente la oferta mundial de hidrocarburos y ha contribuido a mantener elevados los precios del petróleo.
Arabia Saudita, en paralelo, reactivó su oleoducto Este-Oeste, infraestructura que permite trasladar crudo desde los yacimientos del este del país hasta el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, evitando el paso por Ormuz. La reapertura de esta ruta representa un alivio parcial para el mercado energético y reduce parte de la capacidad iraní de utilizar el estrecho como elemento de presión.
Estados Unidos también analiza junto a países árabes un plan de inversiones de alrededor de US$10.000 millones destinado a reforzar infraestructura energética y desarrollar rutas capaces de disminuir la dependencia del estrecho de Ormuz. La iniciativa podría ampliarse posteriormente mediante capital público y privado.
La diplomacia vuelve a escena
La coincidencia de las delegaciones estadounidense e iraní en Nueva York ha convertido la Asamblea General en el principal escenario para intentar reducir las tensiones.
La propuesta iraní representa hasta ahora una de las señales más concretas de disposición a negociar desde la reanudación de las hostilidades. Teherán ofrece una contrapartida de alto impacto —la reapertura de Ormuz— pero condicionada a medidas inmediatas de Washington.
El desafío será determinar si Estados Unidos está dispuesto a flexibilizar el bloqueo y liberar activos antes de obtener garantías sobre la navegación y el comportamiento militar iraní, o si exigirá que Teherán dé primero pasos verificables.
En ese equilibrio se juega no solo una eventual salida al enfrentamiento entre Washington y Teherán, sino también la estabilidad de una de las rutas comerciales más estratégicas del mundo y la evolución de los precios internacionales de la energía.
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