
El presidente de Hungría, András Baka, proclamó ante la Asamblea General de Naciones Unidas el inicio de un “nuevo capítulo” para su país después de que las elecciones parlamentarias de abril pusieran término a 16 años consecutivos de gobierno de Viktor Orbán.
En su intervención en Nueva York, Baka situó la reconstrucción de la confianza en las instituciones como uno de los grandes desafíos de la nueva etapa política encabezada por el primer ministro Péter Magyar.
“Para Hungría, este es un nuevo capítulo”, afirmó el mandatario, quien sostuvo que el poder político obtiene legitimidad cuando acepta someterse a la ley y respeta las instituciones encargadas de limitarlo.
“El pueblo húngaro nos pidió que reconstruyéramos la confianza en el futuro. Lo haremos reconstruyendo esa confianza en nuestro país, pero también para que otros países puedan confiar en nosotros cuando su futuro esté en juego”, señaló.
El fin de 16 años de Orbán
El discurso se produce poco más de cinco meses después de las elecciones parlamentarias del 12 de abril, que provocaron uno de los mayores cambios políticos ocurridos en Hungría desde la caída del comunismo.
El partido Tisza, encabezado por Péter Magyar, derrotó al Fidesz de Viktor Orbán y consiguió una mayoría suficiente para impulsar cambios constitucionales. Orbán abandonó así el gobierno después de 16 años consecutivos en el poder, período iniciado en 2010.
La llegada de Magyar abrió un proceso de modificación de la arquitectura institucional construida durante los sucesivos gobiernos de Fidesz, que habían mantenido durante años tensas relaciones con la Unión Europea por asuntos vinculados al Estado de derecho, la independencia judicial, los medios de comunicación y el uso de recursos públicos.
Baka fue elegido presidente por el Parlamento el 11 de agosto y asumió oficialmente sus funciones el 19 del mismo mes. El jurista, nacido en Budapest en 1952, fue además el primer juez húngaro en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, cargo que ejerció entre 1991 y 2008, y posteriormente presidió el Tribunal Supremo de su país.
Su designación tiene una particular carga política e institucional: Baka fue apartado anticipadamente de la presidencia del Tribunal Supremo durante la primera etapa de los gobiernos de Orbán, después de cuestionar reformas que afectaban al Poder Judicial.
“La mayoría política no se transforma en dueño de un Estado”
Ante Naciones Unidas, Baka planteó que la victoria electoral de Tisza no debe interpretarse como una autorización para reemplazar una concentración de poder por otra.
“La mayoría política no se transforma en dueño de un Estado”, afirmó.
Según el presidente, los electores no buscaban únicamente un cambio de gobierno, sino también una transformación de la vida pública y un Estado en el que los tribunales puedan adoptar sus decisiones sin presiones, los medios de comunicación fiscalicen al poder y los recursos públicos sean utilizados para fines públicos.
Baka prometió proteger la Constitución, la independencia de las instituciones y los derechos de todos los ciudadanos, incluidos quienes respaldaron al nuevo gobierno, sus opositores y aquellos que han perdido la confianza en la política.
También respaldó que quienes hayan cometido actos de corrupción o abuso de poder durante administraciones anteriores respondan ante la justicia, pero advirtió contra cualquier intento de convertir los tribunales en instrumentos de revancha política.
“Un Estado democrático no puede rectificar los errores del pasado repitiéndolos, simplemente cambiando a quienes ocupan el poder”, sostuvo.
Revisión de la herencia económica de Orbán
La nueva administración ya ha comenzado a revisar algunas de las principales decisiones adoptadas durante la etapa anterior.
Entre ellas figura el contrato de concesión por 35 años de la red de autopistas húngaras adjudicado en 2022 a MKIF, compañía vinculada a empresarios cercanos al antiguo gobierno.
El Ejecutivo de Magyar ha anunciado que impugnará el contrato, cuyo valor ha sido estimado en aproximadamente US$73.300 millones, al considerar que su estructura podría ser contraria a la legislación y excesivamente desfavorable para el Estado. La Comisión Europea también ha abierto un procedimiento relacionado con las condiciones de la concesión.
El caso se ha convertido en uno de los ejemplos más visibles de la revisión de contratos, nombramientos y decisiones institucionales heredadas de los gobiernos de Orbán.
Una nueva relación con Europa
Baka afirmó además que Hungría pretende recuperar su condición de “socio fiable” dentro de la Unión Europea, aunque recalcó que Budapest continuará defendiendo sus propios intereses nacionales.
Durante los gobiernos de Orbán, Hungría protagonizó numerosos enfrentamientos con Bruselas y mantuvo posiciones divergentes de gran parte de sus socios europeos en asuntos como migración, derechos de las minorías, política exterior y relaciones con Rusia.
El nuevo gobierno de Magyar ha iniciado un acercamiento a las instituciones comunitarias, al mismo tiempo que intenta modificar algunas de las normas aprobadas durante la etapa anterior.
Para Baka, el desafío consiste en combinar la defensa de los intereses húngaros con el cumplimiento de las reglas comunes europeas y los compromisos internacionales del país.
Condena a Rusia y respaldo a Ucrania
Uno de los cambios más significativos del discurso presidencial estuvo relacionado con Ucrania.
Baka afirmó que el país vecino “está luchando para conservar su independencia” y comparó su resistencia con la revolución húngara de 1956 contra el régimen respaldado por la Unión Soviética.
“La libertad que los húngaros exigieron en 1956 es aquella que debemos respaldar para Ucrania hoy”, señaló.
El presidente sostuvo que cualquier paz duradera debe respetar la soberanía ucraniana y advirtió que aceptar la adquisición de territorios mediante la fuerza sentaría un precedente especialmente peligroso para los Estados pequeños.
“Hungría repudia la guerra de agresión de Rusia. Ucrania tiene derecho a decidir sobre su propio destino”, afirmó.
La posición marca una diferencia respecto de la política seguida por Orbán, quien durante años mantuvo una relación particularmente estrecha con Moscú y cuestionó diversas iniciativas europeas de apoyo a Kiev.
Críticas al funcionamiento de Naciones Unidas
Baka también trasladó su diagnóstico sobre la crisis de confianza de Hungría al escenario internacional.
A su juicio, Naciones Unidas enfrenta un problema similar porque en numerosas ocasiones no consigue actuar cuando grandes potencias o países respaldados por ellas incumplen las reglas internacionales.
“No podemos aplicar una regla para nuestros amigos y otra para los demás”, sostuvo.
Sin embargo, rechazó que la solución sea debilitar o abandonar el sistema multilateral. Por el contrario, defendió una ONU capaz de actuar con mayor eficacia frente a las crisis internacionales, desde la guerra en Ucrania hasta los conflictos que continúan afectando a Medio Oriente y otras regiones.
Baka aseguró que la nueva Hungría respaldará los Derechos Humanos, participará en operaciones internacionales de paz y privilegiará la diplomacia como mecanismo para enfrentar las disputas entre Estados.
Su primera intervención ante la Asamblea General dejó así definida la orientación que pretende imprimir a su Presidencia: recuperar la independencia de las instituciones dentro de Hungría y reconstruir, paralelamente, la relación del país con Europa y el sistema internacional después de 16 años marcados por el liderazgo de Viktor Orbán.
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