
Estados Unidos volvió a elevar este miércoles la presión sobre Irán al advertir que el presidente Donald Trump mantiene entre sus alternativas el uso de “opciones militares” si Teherán persiste en desarrollar capacidades que Washington considera encaminadas a obtener un arma nuclear y continúa respaldando a organizaciones armadas en Medio Oriente.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, situó el programa nuclear iraní como una de las principales líneas rojas de la Casa Blanca y sostuvo que cualquier eventual acuerdo deberá garantizar que la República Islámica no pueda desarrollar armamento atómico.
“Irán nunca podrá tener un arma nuclear. Todo emana de ahí”, afirmó Rubio durante una comparecencia en Nueva York, donde esta semana se desarrolla la 81ª Asamblea General de Naciones Unidas.
El jefe de la diplomacia estadounidense señaló que Trump dispone de diferentes instrumentos para aumentar la presión sobre Teherán. Entre ellos mencionó el endurecimiento de las sanciones y otras medidas económicas, pero dejó expresamente abierta la posibilidad de nuevas acciones militares.
“El presidente tiene una serie de opciones a su disposición”, sostuvo Rubio, quien agregó que algunas de ellas son militares, aunque evitó entregar detalles sobre eventuales operaciones.
Las declaraciones se producen cuando la guerra entre Estados Unidos e Irán se aproxima a los siete meses y ambas partes combinan amenazas militares con señales de una posible negociación. Trump defendió esta semana ante Naciones Unidas la estrategia seguida contra Teherán, mientras representantes de países árabes han intentado facilitar nuevos contactos entre ambos gobiernos.
Washington mantiene abierta la vía diplomática
Pese al endurecimiento del discurso, Rubio aseguró que la administración estadounidense continúa dispuesta a negociar.
El secretario de Estado afirmó que Trump está abierto a alcanzar un acuerdo con Irán, aunque advirtió que una solución requerirá negociaciones prolongadas y probablemente la participación de países mediadores.
El escenario diplomático ha mostrado algunas señales durante las últimas jornadas. Teherán ha planteado que estaría dispuesto a avanzar hacia una reapertura completa del estrecho de Ormuz si Washington reduce la presión militar y levanta determinadas restricciones económicas.
La importancia de Ormuz excede ampliamente el enfrentamiento bilateral. Antes de la actual escalada, alrededor de 125 grandes buques comerciales atravesaban diariamente el estrecho. Este lunes, en cambio, los registros preliminares contabilizaron apenas dos embarcaciones de carga, reflejo del fuerte impacto que el conflicto está teniendo sobre una de las principales rutas energéticas del planeta.
La tensión también se ha trasladado al mercado petrolero. Durante esta semana el Brent se ha mantenido en torno a los US$100 por barril, mientras el West Texas Intermediate (WTI) se ha situado cerca de US$92, con fuertes oscilaciones asociadas a las noticias sobre posibles negociaciones y a los riesgos para la navegación en el Golfo.
Estados Unidos incluso impulsa junto a países árabes un proyecto de infraestructura energética destinado a reducir la dependencia del estrecho de Ormuz. La iniciativa contempla inicialmente inversiones por unos US$10.000 millones y podría movilizar, en una etapa posterior, más de US$50.000 millones mediante capital público y privado.
Ormuz vuelve al centro de la confrontación
Rubio acusó además a Irán de mantener ataques contra embarcaciones comerciales en el estrecho y aseguró que durante este miércoles se produjeron nuevos lanzamientos.
Washington sostiene que sus fuerzas continuarán protegiendo las rutas marítimas y realizando operaciones de retiro de minas para mantener abierto el corredor sur de Ormuz.
La situación se ha deteriorado durante septiembre. En las últimas semanas se han registrado ataques contra petroleros y cargueros, mientras Estados Unidos e Irán han intercambiado golpes contra objetivos marítimos y militares.
El 9 de septiembre, Teherán aseguró haber atacado diez embarcaciones en las inmediaciones de Ormuz después de que fuerzas estadounidenses hundieran petroleros vinculados a Irán. El episodio profundizó la preocupación por el abastecimiento energético mundial y elevó los costos de transporte y seguros marítimos.
El impacto económico ya se extiende a otros países productores. Irak ha informado fuertes aumentos en sus costos de transporte de petróleo, mientras Arabia Saudita intenta potenciar rutas alternativas hacia el mar Rojo para disminuir su exposición al estrecho.
Pezeshkian responde desde Naciones Unidas
Las advertencias estadounidenses coincidieron con la intervención del presidente iraní, Masud Pezeshkian, ante la Asamblea General de Naciones Unidas.
El mandatario reivindicó el derecho de Irán a la legítima defensa y aseguró que su país no pretende fabricar armas nucleares, pero afirmó que tampoco renunciará al enriquecimiento de uranio y al desarrollo de tecnología nuclear con fines civiles.
Pezeshkian sostuvo que Teherán busca utilizar la energía nuclear para el desarrollo económico y tecnológico y rechazó que las amenazas militares puedan obligar al país a abandonar esas capacidades.
El presidente iraní también responsabilizó a Estados Unidos e Israel por buena parte de la inestabilidad que atraviesa Medio Oriente y cuestionó lo que considera un doble estándar internacional respecto de los programas nucleares existentes en la región.
Sus declaraciones confirman que el programa atómico continúa siendo uno de los principales obstáculos para una salida negociada: Washington exige garantías que impidan a Irán alcanzar capacidad militar nuclear, mientras Teherán insiste en conservar su derecho al enriquecimiento de uranio para usos pacíficos.
Siete meses de guerra y presión económica
El nuevo cruce ocurre después de meses de enfrentamientos que han alterado profundamente el equilibrio de Medio Oriente y el funcionamiento del mercado energético mundial.
Estados Unidos ha combinado ataques militares con una creciente presión económica sobre Teherán, incluyendo sanciones contra sectores estratégicos y nuevas restricciones que afectan a aerolíneas iraníes y empresas extranjeras que les presten servicios.
Irán, por su parte, ha utilizado su posición sobre el estrecho de Ormuz como uno de sus principales instrumentos de presión y ha advertido que responderá a nuevas operaciones estadounidenses.
La Casa Blanca apuesta a que el deterioro económico y el aislamiento internacional lleven a Teherán nuevamente a la mesa de negociaciones. Irán sostiene, en cambio, que cualquier diálogo deberá comenzar con una reducción efectiva de la presión militar y económica.
Así, mientras Rubio vuelve a colocar explícitamente las “opciones militares” sobre la mesa, Washington y Teherán mantienen simultáneamente abierta una vía diplomática que podría resultar decisiva para determinar si la crisis entra en una fase de desescalada o deriva en una nueva ampliación del conflicto en Medio Oriente.
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