
Al menos 20 personas murieron este miércoles tras el derrumbe de un edificio residencial que albergaba a familias desplazadas en Ciudad de Gaza, en el norte de la Franja, en una nueva tragedia asociada al grave deterioro de las construcciones después de casi tres años de conflicto en Medio Oriente.
El inmueble, conocido como el “Edificio de la felicidad”, había sufrido daños durante anteriores ataques israelíes y terminó desplomándose sobre viviendas y tiendas de campaña instaladas en sus inmediaciones, donde también se refugiaban desplazados.
Los equipos de emergencia continuaban durante la jornada las labores de búsqueda entre los escombros, mientras decenas de personas permanecían desaparecidas. El balance de víctimas podría aumentar a medida que avancen los trabajos.
Entre los fallecidos hay niños, mientras que más de una veintena de personas fueron rescatadas con vida. También se reportaron al menos 25 heridos.
El edificio tenía seis plantas y albergaba a numerosas familias que habían buscado refugio allí ante la falta de alternativas habitacionales. Pese a los daños estructurales que presentaba, decenas de desplazados continuaban ocupándolo.
Miles de edificios en riesgo
El derrumbe vuelve a poner en evidencia uno de los principales peligros que enfrenta actualmente la población de Gaza: miles de personas permanecen viviendo en inmuebles severamente dañados porque no cuentan con un lugar seguro donde trasladarse.
La Defensa Civil palestina estima que alrededor de 2.000 edificios residenciales se encuentran en riesgo de derrumbe. Equipos de emergencia han advertido además sobre las dificultades para realizar rescates debido a la escasez de maquinaria pesada, excavadoras y otros equipos especializados.
La magnitud del daño inmobiliario es mucho mayor. Una evaluación satelital realizada hasta junio de 2026 estimó que más de 201.000 estructuras, equivalentes a alrededor del 82% de las existentes en la Franja de Gaza, habían sufrido algún tipo de daño. De ellas, más de 134.000 aparecían destruidas y otras 13.800 severamente afectadas.
La misma evaluación calculó que más de 328.000 unidades habitacionales habían resultado dañadas.
La situación obliga a numerosas familias desplazadas a permanecer en construcciones deterioradas o instalar tiendas de campaña junto a edificios que pueden presentar problemas estructurales.
Reconstrucción supera los US$71.000 millones
El desastre ocurre mientras Gaza enfrenta un enorme desafío de reconstrucción. Una evaluación difundida en abril estimó en US$71.400 millones las necesidades de recuperación y reconstrucción durante la próxima década.
De esa cifra, aproximadamente US$26.300 millones serían necesarios solamente durante los primeros 18 meses para recuperar servicios esenciales, reconstruir infraestructura crítica y comenzar la reactivación económica.
Los daños físicos acumulados fueron estimados en US$35.200 millones, mientras que las pérdidas económicas y sociales alcanzan unos US$22.700 millones. El sector habitacional concentra la mayor parte de la destrucción, con daños calculados en torno a US$18.000 millones.
La evaluación también estableció que cerca de 1,9 millones de palestinos han sido desplazados dentro de Gaza, muchos de ellos en varias oportunidades, mientras más del 60% de la población ha perdido su vivienda.
Falta de maquinaria complica los rescates
La Defensa Civil de Gaza reclamó nuevamente que se permita el ingreso de maquinaria pesada y equipos especializados para remover escombros y rescatar a personas atrapadas.
Las autoridades gazatíes sostienen que miles de personas continúan desaparecidas bajo las ruinas acumuladas desde el inicio de la ofensiva israelí posterior a los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023.
La falta de equipos también dificulta la demolición controlada de estructuras inestables. Organismos humanitarios han advertido que las restricciones al ingreso de maquinaria, repuestos, combustible y aceite para motores limitan las operaciones de retiro de escombros y aumentan los riesgos para la población.
El peligro podría agravarse con la llegada del invierno, debido a las lluvias, el viento y las inundaciones en zonas donde miles de desplazados permanecen alojados en tiendas o construcciones dañadas.
Hamás atribuyó el derrumbe a las consecuencias de la ofensiva israelí y pidió una intervención internacional para facilitar el ingreso de maquinaria y equipos de rescate. Israel, por su parte, ha argumentado durante el conflicto que determinadas restricciones sobre materiales y equipos responden al riesgo de que puedan ser utilizados con fines militares.
El derrumbe de este miércoles refleja así una dimensión de la crisis que se prolonga más allá de los ataques directos: la existencia de miles de edificios estructuralmente comprometidos que continúan siendo utilizados como refugio ante la falta de viviendas disponibles en la Franja de Gaza.
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