
El Gobierno de Colombia formalizó la ruptura de sus relaciones diplomáticas con Irán, vigentes desde hace más de cinco décadas, en una decisión que Bogotá fundamentó en consideraciones de seguridad nacional, Derechos Humanos y en el escenario generado por el conflicto en Medio Oriente.
La medida fue adoptada formalmente el pasado 19 de septiembre y contempla además la designación del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI) como organización terrorista.
La Cancillería colombiana explicó que la ruptura responde a los lineamientos de política exterior del país en materias de seguridad nacional y hemisférica y combate contra el crimen transnacional.
Entre los antecedentes considerados por Bogotá figuran los presuntos vínculos del Gobierno iraní con organizaciones terroristas internacionales y otros grupos que Colombia considera una amenaza para su seguridad.
El Ejecutivo colombiano incluyó además entre sus argumentos las violaciones de Derechos Humanos atribuidas a las autoridades iraníes y los ataques contra países que no participan directamente en el conflicto que afecta a Medio Oriente.
Ormuz y el programa nuclear
Otro elemento central en la decisión fue el bloqueo del estrecho de Ormuz, paso marítimo estratégico para el transporte mundial de petróleo y gas y cuya situación ha tenido repercusiones directas sobre los mercados energéticos internacionales.
La tensión en torno a esta ruta ha sido uno de los principales focos de la crisis regional. El Periodista ha informado anteriormente sobre las advertencias de Teherán respecto de cualquier acción estadounidense o de sus aliados en el estrecho, en medio de una escalada que ha afectado los precios internacionales de la energía.
Irán advierte que cualquier provocación en estrecho de Ormuz agravará la crisis
Bogotá también cuestionó las trabas impuestas por Irán a las labores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) para determinar el alcance de su programa nuclear.
La suma de estos acontecimientos, sostuvo el Gobierno colombiano, provocó un deterioro de la confianza bilateral que hizo inviable mantener las relaciones diplomáticas.
Colombia e Irán habían establecido formalmente relaciones el 28 de abril de 1975, por lo que la determinación pone término a más de 50 años de vínculos diplomáticos, aunque durante ese periodo hubo etapas en que Colombia cerró su representación en Teherán.
Se mantienen las relaciones consulares
La ruptura diplomática no significará, sin embargo, el término de las relaciones consulares.
Colombia informó que estas se mantendrán conforme a las disposiciones de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961 y la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares de 1963.
La Dirección de Protocolo de la Cancillería colombiana será la encargada de informar a las autoridades iraníes sobre los procedimientos que deberán seguirse para materializar la ruptura.
Bogotá sostuvo que la defensa de su soberanía será uno de los ejes de esta nueva etapa de su política exterior, junto con la protección de las fronteras, el rechazo a cualquier forma de injerencia externa y la defensa de sus ciudadanos e intereses en el ámbito internacional.
Guardia Revolucionaria declarada organización terrorista
Horas después del anuncio sobre las relaciones diplomáticas, Colombia informó además que declaró al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica como organización terrorista.
El Gobierno colombiano argumentó que el organismo armado iraní representa un peligro para la paz y la seguridad internacional y le atribuyó acciones represivas contra la población iraní y operaciones encubiertas fuera de las fronteras del país.
La decisión tendrá consecuencias concretas en los controles fronterizos y migratorios. Colombia anunció que reforzará sus mecanismos de seguridad para impedir el ingreso a su territorio de personas vinculadas con la Guardia Revolucionaria.
La determinación se produce mientras continúa la crisis en Medio Oriente y persisten las negociaciones en torno al estrecho de Ormuz. En las últimas horas, Irán planteó a Estados Unidos nuevas condiciones que, según Teherán, podrían permitir avanzar hacia la reapertura de esa estratégica vía marítima.
El quiebre entre Bogotá y Teherán representa así un nuevo efecto diplomático de una crisis regional que se ha extendido más allá de Medio Oriente y que mantiene repercusiones políticas, comerciales y de seguridad a escala internacional.
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