
La Unión Demócrata Cristiana (CDU) abrió este lunes una reunión de crisis en Berlín después de sufrir una serie de severos reveses electorales que han aumentado la presión política sobre el canciller alemán, Friedrich Merz, y puesto nuevamente en discusión la estrategia del Gobierno frente al crecimiento de Alternativa para Alemania (AfD).
El golpe más duro llegó desde Mecklemburgo-Pomerania Occidental, donde la CDU obtuvo apenas un 4,9% de los votos y no alcanzó el umbral del 5% necesario para ingresar al Parlamento regional. Es la primera vez en su historia que el partido queda fuera de un Legislativo estatal alemán.
El resultado superó incluso el anterior peor registro regional de la CDU, el 9% conseguido en Bremen en 1951.
AfD, en tanto, ganó las elecciones en Mecklemburgo-Pomerania Occidental con el 38,2% de los sufragios, frente al 35,5% obtenido por el Partido Socialdemócrata (SPD), profundizando el avance electoral de la formación en los territorios de la antigua Alemania Oriental.
El resultado llega apenas dos semanas después del fuerte desempeño de AfD en Sajonia-Anhalt, donde consiguió alrededor del 44% de los votos frente al 17% de la CDU. La sucesión de derrotas ha convertido las elecciones regionales en una prueba especialmente compleja para el liderazgo de Merz.
Merz promete continuar
El canciller reconoció que el resultado de su partido en Mecklemburgo-Pomerania Occidental constituye un «desastre», pero descartó abandonar el cargo y reiteró su intención de continuar con el programa de reformas económicas y sociales impulsado por su Gobierno.
La dirección de la CDU ha intentado cerrar filas en torno al mandatario. El vicepresidente del partido, Karl-Josef Laumann, aseguró que la cúpula conservadora mantiene su respaldo al canciller y defendió la necesidad de transmitir una señal de estabilidad gubernamental.
La vicepresidenta de la CDU y ministra de Familia, Karin Prien, planteó, sin embargo, que la colectividad debe modificar su forma de relacionarse con los electores y prestar mayor atención a las preocupaciones sociales provocadas por las reformas.
El cuestionamiento también alcanza al interior de la coalición gobernante. El SPD, socio minoritario de los conservadores, ha reclamado que las reformas no sean percibidas exclusivamente como recortes y ha pedido incorporar una dimensión social más visible en los cambios económicos, previsionales y sanitarios.
Merz enfrenta así una doble presión: mantener un programa destinado a mejorar la competitividad de la mayor economía europea y, al mismo tiempo, contener el deterioro electoral de los partidos tradicionales.
Berlín también castiga a la CDU
El segundo revés llegó desde Berlín, donde La Izquierda se convirtió en la fuerza más votada con un 25,3%, desplazando a la CDU del liderazgo de la capital alemana.
El resultado dejó a Elif Eralp, abogada de 45 años y candidata de La Izquierda, en posición de intentar formar un Gobierno junto al SPD y Los Verdes. De concretarse el acuerdo, se convertiría en la primera alcaldesa gobernadora de Berlín perteneciente a esa colectividad.
Eralp centró buena parte de su campaña en la crisis de vivienda y el aumento de los arriendos, incluyendo propuestas para ampliar el control público sobre el parque habitacional. Entre ellas figura la posibilidad de transferir alrededor de 220.000 viviendas actualmente administradas por grandes propietarios privados, una iniciativa cuyo costo ha sido estimado en unos 20.000 millones de euros.
Los resultados de Berlín y Mecklemburgo-Pomerania Occidental reflejan además una creciente fragmentación del sistema político alemán: AfD avanza por la derecha, mientras La Izquierda gana terreno en sectores urbanos y entre electores descontentos con los partidos tradicionales.
La economía, otro frente para Merz
La crisis política coincide con un escenario económico complejo. Alemania continúa enfrentando bajo crecimiento, presión sobre el costo de vida y dificultades estructurales en sectores industriales que durante décadas fueron fundamentales para su competitividad.
El Bundesbank advirtió este lunes que el crecimiento se debilitó durante el verano debido, entre otros factores, a menores exportaciones y consumo, mientras la inflación llegó al 2,9% interanual en agosto. El organismo espera una recuperación moderada hacia el último trimestre de 2026, aunque persisten riesgos relacionados con los precios energéticos y las tensiones en Medio Oriente.
El Gobierno prepara además una reducción temporal de impuestos sobre los combustibles equivalente a 0,17 euros por litro para gasolina y diésel, cuyo costo fiscal se estima en unos 2.500 millones de euros, cerca de US$3.000 millones dependiendo del tipo de cambio. La medida busca aliviar el impacto del encarecimiento energético sobre hogares y empresas.
A ello se suma el ambicioso programa de inversión pública impulsado por el Ejecutivo, que contempla un fondo de infraestructura por 500.000 millones de euros, además de un aumento del gasto en defensa. Sin embargo, hasta ahora esas medidas no han conseguido revertir el malestar electoral en varias regiones.
El avance de AfD
El crecimiento de AfD se ha convertido en uno de los principales factores de transformación del mapa político alemán. Su fortaleza es especialmente significativa en los estados orientales, donde persisten diferencias económicas y patrimoniales respecto del oeste del país.
Aunque las brechas de empleo e ingresos se han reducido desde la reunificación, las diferencias de riqueza siguen siendo considerables. Datos correspondientes a 2023 muestran que el patrimonio neto promedio de los hogares del este, incluido Berlín, alcanzaba 125.500 euros, frente a 257.100 euros en el oeste.
Pese a sus victorias regionales, AfD continúa enfrentando el denominado «cordón sanitario» de los demás partidos, que descartan formar coaliciones con la colectividad. Por esa razón, su triunfo en Mecklemburgo-Pomerania Occidental no garantiza que pueda encabezar el próximo Gobierno regional.
Su candidato, Leif-Erik Holm, reconoció que considera improbable que AfD consiga los socios necesarios para gobernar.
La combinación de fragmentación electoral, dificultades económicas y desgaste de los partidos tradicionales deja ahora a Merz ante una etapa decisiva de su mandato. El canciller ha insistido en que permanecerá en el cargo y continuará con las reformas, mientras la CDU intenta determinar hasta qué punto debe modificar su estrategia para recuperar el apoyo perdido sin alterar los principios de su programa de Gobierno.
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