
Hay mujeres de Carmen Aldunate que parecen llegadas de otro siglo. Llevan tocados, sombreros, vestidos o vendas; algunas se ocultan tras una máscara. Pero aquello que sus cuadros ponen ante el espectador es reconocible en cualquier época: las heridas que se disimulan, las contradicciones íntimas, la manera en que una persona se muestra y se protege al mismo tiempo. En esas figuras, la pintora encontró un lenguaje propio.
Aldunate murió este viernes 25 de septiembre, a los 86 años. Nacida en Viña del Mar el 10 de febrero de 1940, fue pintora, dibujante, ilustradora y profesora. Su trayectoria abarcó más de seis décadas y llevó su obra desde las galerías chilenas hasta colecciones y exposiciones internacionales.
Muere Carmen Aldunate, destacada pintora y dibujante chilena, a los 86 años
La decisión de pintar
Entró a estudiar arte a los 17 años en la Universidad Católica y continuó su formación en la Universidad de Chile. Entre sus maestros estuvieron Mario Carreño, Roser Bru, Nemesio Antúnez, Delia del Carril, Mario Toral y José Balmes. Más tarde cursó estudios de posgrado en la Universidad de California en Davis. Vivió siete años en Estados Unidos y, de regreso en Chile, enseñó dibujo y pintura.
Esa formación convivió con una voluntad temprana de abrirse camino. En una entrevista concedida en 2024, recordó que de niña ya tenía un taller en la casa familiar: su madre, su abuela y sus tías también pintaban. Contó, asimismo, que antes de consolidar su carrera hizo otros trabajos para ganar dinero, entre ellos tejer y planchar camisas. “Lo mío fue tozudez, trabajo duro”, dijo entonces.
Su primera exposición individual registrada fue en Santiago en 1963. Después vinieron muestras en Estados Unidos y diversos países de América Latina, además de su participación en la Bienal de São Paulo de 1973. Obtuvo premios de dibujo en el Salón Oficial de 1974 y en la Bienal de Valparaíso de 1975. En 1981, el Museo Nacional de Bellas Artes presentó Diez años de pintura de Carmen Aldunate. Desde 2004 integró, como miembro de número, la Academia Chilena de Bellas Artes.
Un mundo detrás de los ropajes
Aunque trabajó distintas técnicas y también ilustró publicaciones literarias, las mujeres se volvieron el centro persistente de su pintura. No eran un único personaje repetido. En sus retratos cabían las emociones, las virtudes y los conflictos; el vestuario podía atraer la mirada y, a la vez, sugerir aquello que la figura intentaba esconder. Así describió ese universo el Museo Ralli al presentar su última exposición.
Los títulos de sus series muestran la amplitud de esa exploración: Los siete pecados capitales y las siete virtudes cardinales, exhibida en 1995; Salidas de su madre, Benditas sean, Juegos prohibidos y En silencio. Su obra pasó de los retratos a composiciones de mayor escala, como el tríptico Mujeres en pórtico, de 1989. El Museo Nacional de Bellas Artes conserva, entre otras piezas, La mesa del comedor, Tan callando y Fin de fiesta II.
Su presencia fuera de Chile fue sostenida. El Museo Ralli informó en 2024 que su colección reunía 132 obras de Aldunate distribuidas entre sus cinco sedes. La cifra da una medida de la circulación de su trabajo, aunque su aporte se aprecia mejor frente a cada cuadro: en la capacidad de volver visible una experiencia interior sin reducirla a una explicación.
El último taller
En 2024 presentó Ocaso en el Museo Ralli de Santiago. Eran ocho pinturas que la propia artista entendió como el cierre de su trabajo con los pinceles. La pérdida progresiva de la vista le había impedido terminar una novena obra. En el texto de la muestra escribió: “Mis mujeres están cansadas”; al hablar de ellas, hablaba también de sí misma.
Sin embargo, dejar de pintar no significó dejar el taller. Según relató ese año, seguía entrando por las tardes y trabajando hasta la madrugada. Rompía impresiones de sus propios grabados y las transformaba en collages. Conservaba el humor y la franqueza con que solía hablar de su vida, incluso al describir la angustia de no poder ver lo suficiente para continuar un cuadro.
Esa última decisión resume algo de Carmen Aldunate: ante una limitación que afectaba el centro mismo de su oficio, buscó otra forma de hacer. Sus mujeres habían atravesado décadas de pintura y llegaron a Ocaso con las marcas del tiempo a la vista. En ellas queda una de las obras más reconocibles del arte chileno contemporáneo.
La entrada Carmen Aldunate, la pintora que encontró una vida entera en los rostros de sus mujeres se publicó primero en El Periodista.

