Una nueva guerra para el mundo

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Samuel Fernández Illanes, académico Facultad de Derecho, Universidad Central.

De manera sorpresiva, Israel ha sido atacado por las milicias del brazo armado de Hamás, desde la Franja de Gaza, y desatado una nueva guerra que comienza y se ignora cómo podría concluir. Una más para el mundo que ya tiene suficientes, un tanto ignoradas, y que deja en segundo plano la agresión rusa a Ucrania, por un año y nueve meses todavía en curso e indefinida. Si bien, el persistente conflicto entre Israel y Palestina, que por decenas de años permanece sin solución pese a tantos esfuerzos, esta vez, no es un conflicto entre Estados, sino entre un movimiento extremista musulmán, calificado como terrorista, y el Estado de Israel.

Se buscó el momento preciso de la conmemoración de los cincuenta años de la Guerra del Yom Kippur, la fiesta religiosa judía, en que Egipto y Siria invadieron a Israel, igualmente en pleno Shabbat Shalom (sábado de la paz), si bien ahora difieren totalmente, al ser fuerzas irregulares que buscan terminar con Israel, y asesinar, indiscriminadamente, militares y civiles, y destruir todo lo que encuentren. Así lo han hecho, de manera inmisericorde, con el agravante que han logrado capturar más de cien rehenes, no sólo israelitas, sino de varias nacionalidades, los que podrán ser utilizados como intercambio por prisioneros palestinos, o ejecutados como se ha amenazado. Todo lo cual limita el campo de acción de Israel, al ser prácticamente imposible, distinguir quien pertenece a Hamás, y quien es un simple habitante palestino, en una zona como Gaza, la más densamente poblada.

Por su parte el actual gobierno de Netanyahu, se encuentra presionado por un resultado victorioso, para superar la sorpresa de los atraques, donde la reputada inteligencia israelí, fracasó. Muchas pueden ser estas razones, y nunca las sabremos, tal vez, porque la cuidadosamente planificada acción de Hamás, pasó desapercibida por las festividades religiosas, o porque estaban más preocupados de los problemas de gobernabilidad y las protestas, que ha enfrentado la nueva administración del Primer Ministro. Como sea, el mayor ataque de un movimiento extremista contra Israel, ha desatado un conflicto donde todo el poderío militar del país, se ha activado, para una dura confrontación por el tiempo que sea necesario. No tienen otra alternativa.

Si observamos la comunidad internacional, con sus principales potencias desunidas en tantos campos, tal y como ha quedado demostrando en la agresión de Rusia a Ucrania, con los órganos competentes para la paz y seguridad internacionales paralizados, las posibilidades de una acción internacional decisiva, se ve sumamente remota. La reciente reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU, lo evidenció, al no decidir nada vinculante, y limitarse a lamentar la pérdida de vidas.

Cabe recordar que, frente a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 contra Estados Unidos, el Consejo, inmediatamente los condenó, y autorizó todas las acciones que el agredido pudiere emprender para defenderse y perseguir a los responsables. Nada de eso ha ocurrido ahora, frente a un nuevo ataque extremista islámico, y que ha recibido el apoyo explícito, de otros movimientos similares, por sobre sus tantas diferencias, pero que han contribuido, y también participado, en las acciones. Es el caso de la Yihad Islámica en Gaza, o el Hezbolá que controla el sur del Líbano. Tampoco se pueden descartar los apoyos de otros movimientos, en particular aquellos que se han visto robustecidos en África, y ocasionado el abandono de potencias occidentales, o bien el casi olvidado Isis, o Estado Islámico, que seguramente podrá encontrar un reimpulso, con las acciones de Hamás.

Cabe destacar un punto de atención adicional, respecto a probables células inactivas de extremismos islámicos, que seguramente siguen existiendo en los países occidentales y europeos, y que podrían intentar nuevos atentados, como en el pasado. No es descartable el impulso yihadista que pudiere reanudarse, alentados por los logros de Hamás, y plegarse a una acción de mayor amplitud. Podrán estar inactivos, pero de ninguna manera, extinguidos. Sus objetivos, basados en convicciones religiosas radicales, no se transan y ni siquiera pueden cambiar. Los infieles deben perecer, y ellos, al provocarlo, obtendrán la salvación eterna asegurada. No hay términos medios, lo que los hace temibles e implacables.

Asimismo, se ha especulado, sin pruebas todavía, de que Irán podría estar involucrado en la preparación, aprovisionamiento y financiación de Hamás y su ataque a Israel. Son enemigos tradicionales, e Irán desconoce su existencia. Igualmente, es un enemigo declarado de los Estados Unidos, el gran aliado incondicional de Israel. Todo ello es una realidad, pero de ahí a participar directamente en los ataques, no está claro todavía, y sería un acto temerario, no sólo por apoyar el terrorismo de manera evidente, mino porque hay signos de un entendimiento con los norteamericanos, como intercambio de prisioneros, o la liberación de fondos monetarios retenidos. El otro país bajo la mira de occidente, es Siria, cuya revolución prosigue, aunque el régimen de Bashar al-Asad, continúa y siempre ha sido un enemigo hostil con Israel. En cambio, Jordania y sobre todo Egipto, sin olvidar a Türkiye (Turquía), podrían intentar jugar un papel para buscar un alto al fuego, como primera medida, para luego procurar la liberación de los rehenes. Una tarea bastante lejana por las posiciones irreconciliables de las partes, y sobre todo, porque en la actualidad, se prioriza la acción terrorista fanática de Hamás, y se confronta con la venganza decidida de los israelíes.

Resta por saber las posiciones definitivas de los demás países árabes, y una prueba de su falta de posiciones comunes, ha sido la última reunión de la Liga de Estados árabes en su sede en El Cairo, terminada sin acuerdos ni decisiones. Era de esperar, pues ha habido cambios en la relación con el tradicional enemigo común, Israel. Los países del Golfo, de forma pragmática, han mejorado sus relaciones con miras a mayores beneficios económicos y de seguridad. Hasta Arabia Saudita, procura un mejor acercamiento recíproco. Tal vez, justamente para contrariar a Irán, su mayor adversario. De ahí la hipótesis de que Irán, ayudando a Hamás, podría hacerlo fracasar. Nada está demostrado, pero todo pudiere ser posible en un mundo que se ha enfrentado históricamente, y que se encuentra profundamente dividido por creencias religiosas incompatibles entre sí.

Esta nueva guerra declarada perjudica todo acercamiento tentativo, y por sobre todo a la causa Palestina, en la medida en que se le confunda con los movimientos milicianos de Hamás. El Estado Palestino de Mahmud Habbás, deberá enfrentar la contraofensiva israelí, con muchas vidas humanas perdidas. Sin embargo, esta trágica realidad, también podrá reanudar la atención y solidaridad con los palestinos, y ojalá reactivar las posibilidades de algún tipo de entendimiento, aunque sea precario. Al mismo tiempo, tanto Palestina como Israel, tienen un enemigo común, Hamás, quien impide toda conversación o solución, por radicalizarlo todo. Actualmente es Israel el que presta ayuda, sin proponérselo, al Estado Palestino contra Hamás y seguidores.

Una nueva guerra, diferente, mortífera, cruel, y con una comunidad de naciones, dividida, abiertamente en desacuerdo, e incapaz de actuar, y esta vez, contra un terrorismo desatado, que sólo elimina, tanto palestinos como israelíes, aunque no tenga ninguna posibilidad de triunfar definitivamente.

Samuel Fernández Illanes, académico Facultad de Derecho, Universidad Central.

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