Por cada suicidio juvenil consumado, hay 200 intentos previos

0
59

Con gran preocupación los especialistas observan cómo se ha ido afectando la salud mental de los jóvenes. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada siete adolescentes, de 10 a 19 años, padece algún trastorno mental. El 46% de los estudiantes universitarios presentan síntomas depresivos, el 45% experimenta síntomas ansiosos y el 54% muestra síntomas de estrés. En Chile, el porcentaje actual de prevalencia de trastornos mentales en jóvenes es del 16,5% .

Un estudio sobre jóvenes con depresión durante la pandemia (2020-2021), realizado por la fundación Katy Summer que busca prevenir el suicidio juvenil y promover la salud mental, arrojó datos alarmantes: el 30% de los jóvenes entre 15 y 29 años presenta sintomatología de depresión mayor y un 13% presenta sintomatología propia o asociada a trastorno depresivo menor .

La psicóloga clínica Claudia Baros, especialista en conducta suicida, indica que los principales factores que han afectado la salud mental de los jóvenes son el impacto de lo digital, que aumentó en pandemia por el aislamiento y encierro. “En la pandemia, la realidad virtual llegó a reemplazar a la ‘realidad real’, y los adolescentes y jóvenes fueron desarrollando sus identidades y habilidades socioemocionales en las redes sociales, donde la opinión del otro sobre uno mismo tiene interlocutores con mayores posibilidades de agredir y mermar la autoimagen. Y lo peor, es que ese modo de vincularse –más agresivo y con exceso de desregulación socioemocional– ahora se llevó a la realidad, a las salas de clases, con mayor fuerza que antes”, explica.

Para Emanuel Pacheco, director ejecutivo de la fundación Katy Summer, “la falta de convivencia social hizo que los jóvenes perdieran el aprendizaje de negociar y llegar a acuerdos. Al volver a la normalidad y convivir con otros, no cuentan con herramientas socioemocionales para resolver situaciones que los desbordan . Tienen un dolor y no saben cómo gestionarlo, entonces caen en las autolesiones, o en un mayor consumo de drogas y alcohol para apagar ese dolor o evadirlo. Lo complejo es que el problema sigue presente, eso trae frustración y genera cada vez más depresión. Y puede potencialmente aparecer la intención suicida”, sostiene.

Por otra parte, añade la psicóloga, las mujeres que siempre han estado sujetas a la belleza física por socialización, ahora los trastornos de la conducta alimentaria se ven impulsados por herramientas digitales que ponen filtros y hacen parecer apariencias que son inexistentes. A su vez, los adolescentes  se han vuelto más inseguros en la interacción real con pares, desarrollando mayores síntomas ansiosos. “Carecen de habilidades para conectar con la realidad, sintiéndose en su gran mayoría muy solos y aumentando así los síntomas depresivos”, advierte.

El Dr. Roberto Amon, psiquiatra y director médico de AcademiaPsiquiatria.org, explica que en toda persona con síntomas depresivos se debe chequear si la sintomatología es primaria, secundaria o bien se da en conjunto con enfermedades médicas. “Los exámenes habituales que se solicitan en todo paciente con depresión son los de laboratorio, como hemograma, pruebas tiroideas, función hepática y renal, niveles de colesterol, vitaminas B y D. Y, si hay sospechas de una enfermedad neurológica, también se solicita un electroencefalograma y una resonancia o escáner de cerebro”, señala.

¿CUÁNDO Y CÓMO SE LLEGA A LA IDEA SUICIDA?

“La presencia de ideación suicida habitualmente puede manifestarse en una gradualidad, desde pensar en la muerte, desear que a uno le pase algo grave que le cause la muerte como una enfermedad o un accidente, lo que se llama suicidalidad pasiva. O bien, pensar directamente en que la vida ya no vale la pena de ser vivida y planificar la manera de quitarse la vida, a esto le llamamos suicidalidad activa”, manifiesta el psiquiatra Roberto Amon.

La psicóloga Claudia Baros señala que la conducta suicida parte en una idea, luego se planifica y a continuación se intenta, por lo tanto, se está más cerca de concretarla cuando se planifica. Y en esto, dice, es fundamental el rol de los medios, ya que lamentablemente siguen informando sobre los métodos de muerte que dan directrices de las maneras más efectivas para quitarse la vida, lo que facilita pasar de la idea a la planificación.

Para Emanuel Pacheco, la suma de tres dolores puede dar pie a la idea suicida. “Nosotros explicamos que esto ocurre por la suma de tres dolores: primero, me siento solo en mi problema porque no quiero ni soy capaz de compartirlo con nadie. Segundo, me siento una carga para mi familia, mis compañeros y la sociedad que deben aguantarme. Y tercero, es sentir que esto jamás podrán solucionarlo. Cuando estos tres dolores se presentan, aparece la ideación suicida como una forma teórica de que la muerte es la mejor forma de resolver el problema, porque se acaba el dolor”, explica.

Los hombres, en tanto, por un tema de socialización están más predispuestos a responder de manera más hostil a las frustraciones y a pedir menos ayuda (rechazo a la propia vulnerabilidad), por lo que es importante poner la mirada en los adolescentes y jóvenes hombres, ya que en ellos hay mayor riesgo de consumar o concretar el suicidio.

DETRÁS DE UN SUICIDIO CONSUMADO

Según la OMS, a nivel mundial por cada suicidio consumado de un joven hay 200 intentos que no se consuman. Las cifras en Chile actualmente disponibles hablan de 1 suicidio consumado al día. La mayor cantidad de ellos se producen entre agosto y enero, por lo que debemos estar más alerta en estos y los próximos meses.

La especialista aclara que el suicidio es multicausal y jamás se va a deber a una sola razón. Los factores que más peso tienen para desencadenar la conducta suicida son los intentos previos y los trastornos mentales. “El 90% de quienes se quitan la vida tienen un trastorno mental, pero no todas las personas con un trastorno mental se suicidan”, aclara.

Para el Dr. Amon, la ideación suicida es un marcador de que la persona presenta algún trastorno de salud mental. Los trastornos mentales asociados más frecuentes son los trastornos afectivos, principalmente el trastorno depresivo mayor y luego el Trastorno bipolar. También inciden el alcoholismo y abuso de sustancias (más frecuente en hombres), los trastornos de personalidad (principalmente el trastorno límite de la personalidad), el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno obsesivo-compulsivo, los trastornos de la conducta alimentaria (más frecuente en mujeres) y el trastorno de estrés postraumático.

Otros factores que actúan en confluencia son el abuso sexual, la violencia en el pololeo, y el acoso escolar y sexual; la desesperanza; la discriminación por orientación sexual o identidad de género; la dificultad para pedir ayuda, la soledad o la falta de una red de apoyo; la impulsividad y desregulación emocional; la baja tolerancia a la frustración; la rigidez cognitiva, es decir, la dificultad para adaptarse con flexibilidad y perseverancia; y una baja autoestima centrada en la negatividad.

SEÑALES PARA DETECTAR EL RIESGO SUICIDA

  • Señales verbales como comunicar que se quiere realizar un suicidio, lo cual nunca debe tomarse con liviandad aunque parezca manipulador o impulsivo.
  • Cambios de humor y comportamiento habitual como aislamiento, hiperemotividad, apatía, insomnio o exceso de sueño, abandono del cuidado personal, irritabilidad, cambio en la cantidad de alimentos que se ingieren, disminución de la motivación y del rendimiento escolar-universitario, parecer como ausente en actividades, mostrarse más temerario o conflictivo, ingesta elevada de alcohol cuando ello no era frecuente, y ansiedad intensa y constante que se ve como agitación.
  • Dejar de tomar las medicaciones por un trastorno mental y/o dejar de visitar al terapeuta, llamadas o visitas inesperadas a personas significativas, regalar objetos personales valiosos, una aparente y súbita mejoría de su estado de ánimo (suele aparecer cuando se tiene un plan elaborado y se siente alivio por saber cómo ponerlo en práctica)

CÓMO ACOMPAÑAR PARA PREVENIR UN SUICIDIO

  • Lo primero es saber que preguntar si se está pensando en el suicidio, no induce la idea o posibilidad de consumarlo, por lo tanto, lo recomendable es consultar ante la duda. Se debe preguntar directamente. En caso de que la respuesta sea afirmativa, reaccionar sin juzgar, ofreciendo ayuda, y buscar la atención de profesionales de la salud mental de manera inmediata.
  • Evitar minimizar la urgencia de acceder a profesionales de la salud, argumentando que es algo que se resuelve en casa, que no se puede ser tan “alaraco”, “que la vida es difícil así es que “arriba los corazones”. Muchas veces, en estos casos, se trata a estos hijos como una carga por “dar este problema”, cuando precisamente en la conducta suicida la persona ya se siente una carga y eso se debe disipar.
  • En cuanto al rol padres o cuidadores, las medidas son alejar del alcance cualquier método que puede servir para quitarse la vida (si está en terapia medicamentosa, el adulto debe manejar los remedios) y acompañar al joven el mayor tiempo posible. El cuidador debe permanecer cercano y disponible en todo momento, ayudando con su afecto y escucha sin juicios.
  • Tips concretos que facilitan la contención de los hijos es ayudarles a redactar una lista de “Razones para vivir”, una lista de “Personas con quien hablar/ llamar si “me siento muy mal” y anotarles a la vista los números o apps que prestan primeros auxilios psicológicos como el Chat Hablemos de todo del Injuv.

The post Por cada suicidio juvenil consumado, hay 200 intentos previos appeared first on La Nación.